
Menuda jornada de esas que te dejan con la boca abierta. Tras el día de descanso y la exhibición de Enric Mas en Aitana, el pelotón se adentró en las carreteras albaceteñas entre Alcaraz y Elche de la Sierra. Casi ciento ochenta y cinco kilómetros de sube y baja, con tres puertos de tercera categoría que, aunque no asustan en el papel, acumulan casi tres mil metros de desnivel. Un perfil aparentemente inocente que al final deja las piernas hechas un cristo.
La escapada del día se formó rápidamente, con siete valientes que pelearon como leones. Aguantaron hasta muy cerca de meta, unos seis kilómetros y medio, cuando el pelotón los alcanzó. Había nervios en el aire. Se notaba que nadie quería dejar pasar la oportunidad en un final abierto. El Puerto de Socovos, coronado a poco más de veinte kilómetros del final, sirvió para estirar el grupo y preparar el terreno. Luego llegó el caos de los últimos metros.
Ahí apareció Bastien Tronchon. El francés del Groupama no era el favorito de nadie. Mientras Wout van Aert se veía bien colocado y Xabier Mikel Azparren lanzaba un ataque desesperado a quinientos metros, el galo encontró el hueco perfecto. Llegó lanzado, superó a Magnus Cort y a Thibau Nys, y levantó los brazos con cara de incredulidad. Su primer triunfo en una gran vuelta. Cuatro horas, siete minutos y cuarenta y un segundos de esfuerzo que se resumieron en un esprint inesperado.
Enric Mas pasó el día sin sobresaltos. El mallorquín, envuelto en el maillot rojo, controló lo justo. No hubo movimientos entre los grandes. Primoz Roglic sigue a un minuto dieciocho y Felix Gall a un minuto treinta y nueve. La clasificación general no se vio alterada. Tras la retirada de Pogacar y la victoria en Aitana, Mas se mantiene sereno, como quien sabe que todavía queda mucha carretera por delante.
Lo que se comentaba por todas partes era la sensación de sorpresa. Un corredor que no estaba en las quinielas se lleva la etapa en un final de puro corazón. Van Aert, cuarto, se quedó con la miel en los labios después del trabajo de su equipo. Azparren estuvo a punto, pero las fuerzas le abandonaron justo cuando más las necesitaba. Así es el ciclismo. A veces, el que menos ruido hace es el que se lleva el gato al agua.
La segunda semana arranca con este regalo inesperado. El terreno de Albacete no perdonó a nadie. Las carreteras secundarias, los repechos constantes y ese final ligeramente cuesta arriba hicieron que el esprint fuera selectivo. No valía solo con ser rápido; había que llegar entero.
Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página y en mis crónicas personales. La carretera no descansa, y nosotros tampoco.




