Ciclismo

::Ciclismo – Lorca sonríe, Enric mas respira y Brennan ya no pide permiso

 

Hay días en la Vuelta que parecen escritos para pasar de puntillas y terminan dejando alguna enseñanza. La undécima etapa era una de esas. Cartagena y Lorca ofrecían sobre el mapa una jornada para velocistas, de esas que algunos miran de reojo mientras cuentan las horas para que llegue la montaña. Pero el ciclismo, que tiene la mala costumbre de no respetar demasiado los pronósticos, volvió a recordarnos que hasta en una etapa aparentemente tranquila hay que estar con los cinco sentidos.

El pelotón llegó a Lorca con el guion aprendido. Fuga controlada, nervios en los momentos señalados y equipos colocando sus piezas para el desenlace. Nadie quería incendiar la carrera antes de tiempo. Demasiado había en juego y demasiado poco se podía ganar. En estas jornadas también se demuestra quién sabe correr. No todo consiste en atacar. A veces, correr bien es saber esperar.

Enric Mas salió de la tormenta sin una sola gota. Y eso, en una Vuelta tan abierta, vale mucho. El maillot rojo sigue sobre sus hombros y, sobre todo, sigue creciendo la sensación de que el corredor del Movistar ha encontrado una serenidad que otras veces se le echaba de menos. No necesita ganar tiempo todos los días. Le basta con no regalarlo. Primož Roglič continúa detrás, paciente, como quien sabe que la carrera todavía guarda las facturas importantes.

El Alto de Aledo apareció en el momento justo para sembrar alguna duda, pero no hubo revolución. Se intentó, se vigiló y se acabó neutralizando. El pelotón prefirió el control al vértigo. Quizá porque todos saben lo que viene. La Vuelta empieza a enseñar los dientes y nadie quiere llegar a la montaña con una herida innecesaria.

Y entonces apareció Brennan. Otra vez Brennan. El británico tiene esa mezcla tan peligrosa de juventud, velocidad y descaro que convierte cada llegada en una pequeña amenaza para los demás. Tres victorias en su primera Vuelta. A estas alturas ya no resulta razonable hablar de revelación. Es protagonista. Y los protagonistas no piden sitio. Lo ocupan.

El esprint tuvo poco misterio cuando el Visma puso orden. Van Aert trabajó para su compañero y Brennan hizo el resto. Esperó lo justo, lanzó la bicicleta cuando debía y volvió a levantar los brazos. Detrás quedaron los demás, seguramente preguntándose dónde había encontrado otra vez ese metro que decide una llegada. En el ciclismo moderno, un metro puede valer una victoria. Brennan parece haber aprendido la lección demasiado deprisa.

La ausencia de Mads Pedersen restó otro nombre importante a la batalla de los hombres rápidos, pero no restó tensión. Coquard, Meeus y compañía lo intentaron. No bastó. Brennan está en ese punto dulce en el que todo parece salirle bien y, cuando un corredor entra ahí, conviene no apartar la mirada.

Ahora cambia la música. Calar Alto espera y con él llega la verdadera prueba para quienes aspiran a mandar en Madrid. Se acabaron las tardes de esconderse en el grupo y salvar el expediente. La montaña coloca a cada uno en su sitio, normalmente sin demasiadas contemplaciones. Mas tiene el rojo. Roglič tiene la experiencia. Los demás tienen motivos para atacar.

Lorca deja un ganador y deja, sobre todo, una Vuelta cada vez más interesante. Brennan ya es una realidad, Mas conserva el mando y la montaña comienza a reclamar su protagonismo. Lo bueno empieza ahora. O quizá, siendo honestos, ya había empezado y algunos todavía no se habían dado cuenta.

Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página y en mis crónicas personales. La carretera no descansa, y nosotros tampoco.

 

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