Ciclismo

::Ciclismo – Enric Mas se consolida en Aitana y la Vuelta tiene un nuevo líde

Algunas jornadas te dejan el corazón en un puño. La de Aitana ha sido una de ellas. Enric Mas llegó al domingo con el maillot rojo casi por casualidad, tras la retirada de Pogacar, y se ha marchado de la cima como un auténtico patrón.

No solo ha ganado la etapa, la ha hecho suya, la ha moldeado a su gusto cuando más importaba.

La salida de La Vila Joiosa fue con las piernas cargadas y más de cinco mil metros de desnivel por delante. Tárbena, ese Miserat que te parte por la mitad, Tollos, Tudons, Benifallim… Un calvario sin descanso. La carrera se fue rompiendo poco a poco. Las fugas se apagaron cuando los equipos grandes apretaron de verdad. Y entonces llegó Aitana. Veintidós kilómetros al 5,8 de media, con tramos que te hacen mirar al cielo y preguntarte qué haces allí. Ahí se decidía todo.

Mas no esperó a que le dieran permiso. Atacó a tres del final. Llevaba el rojo y lo defendió con esa rabia buena que solo sale cuando uno cree de verdad. Solo Onley, el joven británico sin miedo, pudo aguantarle el ritmo. Se pegó a su rueda como si le fuera la vida. Roglic y Gall se quedaron un poco atrás, mirando, midiendo, sufriendo. En los últimos metros, el mallorquín tiró de lo que tenía. Levantó los brazos con esa cara de alivio y orgullo que se te queda grabada. Onley llegó pegado. Roglic a doce segundos. Gall a dieciocho. Carapaz, que había intentado mover ficha antes, se quedó noveno y salvó la general como pudo.

Ahora la clasificación habla claro y sin rodeos. Mas manda con 28 horas 34 minutos y tres segundos. Roglic está a un minuto dieciocho. Gall a uno treinta y nueve. Onley, que se ha metido de lleno en la pelea, a dos veinte. El ecuatoriano, quinto, a tres veintiséis. La Vuelta ha cambiado de cara en dos días. Ya no hay un favorito intocable. Hay un español que se ha puesto el traje de jefe y un grupo de perseguidores que saben que cada segundo duele.

Lo de Aitana no ha sido solo una llegada en alto. Ha sido un examen de carácter. Mas ha demostrado que puede llevar la presión del maillot y, encima, atacar. Onley se ha convertido en la sorpresa más agradable de esta edición. Roglic sigue ahí, con esa mirada de pocos amigos, esperando su momento. Gall no se ha hundido. Y el resto del pelotón ya mira de otra manera al del Movistar.

Mañana llega el primer día de descanso. Bienvenido sea. Las piernas gritan y las cabezas también. Pero la carretera no perdona. Cuando vuelvan a salir, la Vuelta será otra. Más abierta, más tensa, más humana. Porque esto ya no va solo de vatios. Va de quién aguanta mejor el fuego de la pelea.

Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página y en mis crónicas personales. La carretera no descansa, y nosotros tampoco.

 

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