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::Opinión – Hércules. El farolillo que nos alumbra

Dos derrotas no deberían encender todas las alarmas. El problema es que algunas nunca llegaron a apagarse

Beto Company dijo después del partido que es lamentable ver al Hércules colista.

Y tiene razón. Aunque quizá lo verdaderamente lamentable sea que llevemos varias temporadas empezando el camino con el mismo farolillo alumbrándonos.

Cuando salió el calendario incluso pareció hacernos un favor. Dos partidos consecutivos en el Rico Pérez para empezar. Nuestra gente, nuestro campo y la oportunidad de coger impulso desde el primer día.

Dos semanas después, aquella ventaja se ha convertido en cero puntos de seis, cuatro goles encajados, ninguno marcado por un futbolista del Hércules y los primeros pitos desde la grada.

Lo que debería haber sido un trampolín ha terminado siendo un agujero.

Algunos dirán que solo son dos jornadas.

Pero esto es fútbol. Que se lo digan a Claudio Barragán, que ha pasado de héroe del ascenso con el Eldense a ser destituido en dos jornadas. La memoria en este deporte dura bastante menos que los contratos.

Leo que tampoco está habiendo suerte. Y es cierto que no la hubo el domingo. Dos balones a la madera, remates sacados prácticamente bajo palos y momentos en los que parecía imposible que aquello no acabara entrando.

Pero cuando después de dos partidos en casa ningún futbolista del Hércules ha conseguido marcar —el único gol fue de un defensa del Murcia en propia puerta— quizá la explicación empiece a tener poco que ver con la fortuna.

Algo falla. Arriba y abajo.

Porque mientras se necesita una alineación planetaria para conseguir que la pelota entre en la portería contraria, basta un despiste defensivo para que el rival llegue a la tuya.

Falta pegada arriba y falta contundencia en defensa. Dos carencias que, por desgracia, no son precisamente nuevas.

Arriba aparece Antoñín. Corre, pelea, presiona y se deja todo. Nada que reprocharle en eso.

Pero los delanteros tienen una profesión especialmente cruel: pueden hacer muchas cosas bien durante noventa minutos, pero al final alguien termina preguntándoles cuántos goles llevan.

De momento, ninguno.

Resulta paradójico que, después de renovar buena parte de la plantilla para dar un paso adelante, algunos de los que ya estaban sigan apareciendo como las principales soluciones cuando llegan los problemas.

Cambian muchas piezas, pero las carencias siguen siendo las mismas. Y seguimos sin conseguir taparlas.

Quizás en lugar de cambiar diez jugadores cada verano sería mejor construir sobre lo que funciona y emplear los recursos en incorporar dos o tres futbolistas realmente diferenciales donde llevamos demasiado tiempo necesitándolos.

Especialmente en las dos áreas. Porque ahí se ganan los partidos.

No hace falta inventar el fútbol ni empezar de cero cada temporada.

Beto ya no es el recién llegado del año pasado. Ha tenido un verano para construir una plantilla más acorde con su idea y ahora ha dado el primer tirón de orejas público a sus jugadores. Les ha pedido más y ha hablado de responsabilidad. De que cada uno asuma lo suyo.

Y hace bien. Pero sería demasiado fácil terminar ahí.

Las plantillas las confecciona alguien. Los entrenadores deciden. Los jugadores ejecutan. Los responsables deportivos planifican. La propiedad dirige.

Y la afición paga su entrada, anima y, cuando se cansa, pita.

Las temporadas no fracasan solas.

Sin embargo, aquí tenemos una curiosa habilidad para encontrar siempre el momento perfecto en el que nadie tenga que asumir los fracasos.

En septiembre es demasiado pronto. En enero todavía queda mucha Liga. En abril hay que remar todos juntos. Y en junio ya estamos planificando la próxima temporada.

Así resulta difícil encontrar el día exacto en el calendario en el que alguien tenga que explicar por qué las cosas no han funcionado. Y vuelta a empezar.

Nuevas bajas. Nuevos fichajes. Nuevas camisetas. Nuevas ilusiones.

Y quizá por eso el domingo llegaron los primeros pitos. A los futbolistas. Al palco. A la propiedad.

Solo dos jornadas y ya tenemos la primera bronca de la temporada.

Eso debería preocuparnos bastante más que ocupar circunstancialmente el último puesto de la clasificación.

Porque esos silbidos no pertenecen únicamente a estos 180 minutos.

Llevan memoria.

Ahora toca jugar fuera. Nuestra particular asignatura pendiente desde hace demasiado tiempo. Perder no significaría que la temporada esté acabada. Por supuesto que no. Pero encendería unas cuantas alarmas. Aunque, pensándolo bien, quizá ese sea el problema.

Que algunas nunca llegaron a apagarse. Y mientras tanto, ahí seguimos. Colistas.

Con un farolillo rojo alumbrando el camino.

Otra vez

Esto acaba de empezar y ya habrá quien esté pensando en el mercado de invierno. En Alicante, con más de 30 grados. Y tiene mérito. Uno ya no sabe si ir sacando el abrigo o empezar con la lista de fichajes.

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