Ciclismo

::Ciclismo – ¡Pogacar se cobra la revancha en el Lioran: fuego en el Macizo Central!

 

Qué barbaridad de etapa, amigos. Día de la Bastilla, sol pegando fuerte en el Cantal y el Tour que se pone serio de verdad. La décima, esa que todos esperábamos con el aliento contenido, no defraudó. Tadej Pogacar, con esa cara de niño bueno que engaña a cualquiera, plantó bandera en Le Lioran y dejó claro que la carrera sigue siendo suya… por ahora.

Salieron de Aurillac con las piernas frescas tras el descanso, pero el Macizo Central no perdona. Siete puertos, casi 3.800 metros de desnivel y un final que repetía, casi clónico, el guion de hace dos años. Los primeros kilómetros fueron nerviosos, con intentos de fuga que el pelotón controló sin demasiados dramas. Pero cuando empezaron a encadenarse las rampas, la cosa cambió.

La verdadera guerra explotó en el Puy Mary por Murat, con sus siete kilómetros y medio al seis por ciento, y sobre todo en ese tramo final más duro. Ahí se vio quién llevaba gasolina de verdad. Pogacar esperó paciente, dejó que sus compañeros marcaran el ritmo y, en el Col de Pertus, soltó el hachazo definitivo. Un ataque seco, sin estridencias, de esos que parecen suaves hasta que ves las caras de los rivales descomponiéndose.

Vingegaard intentó responder, apretó los dientes y aguantó unos metros, pero hoy no tenía la respuesta. El danés cruzó con una mueca de resignación, sabiendo que la revancha se le había escapado. Del Toro, el joven que tantos esperábamos que diera el salto, sufrió en las rampas más duras y vio cómo se le escapaba el podio provisional. Detrás, Evenepoel y Ayuso salvaron los muebles como pudieron, pero perdieron segundos valiosos.

Uno no puede evitar sentir un pellizco al ver estas batallas. Porque el ciclismo es puro sentimiento: sudor, sufrimiento y esa belleza salvaje de la montaña. Pogacar no solo ganó la etapa; se cobró una cuenta pendiente con estos mismos repechos. Cruzó la meta con los brazos en alto, respirando hondo ese aire fresco de Le Lioran, mientras el público rugía.

No fue una exhibición loca de fuerza bruta. Fue inteligencia, piernas y cabeza. El esloveno suma victoria de etapa, refuerza el maillot amarillo y manda un aviso a navegantes: la segunda semana va a ser larga, pero él sigue mandando.

Claro que la carrera no está ni mucho menos sentenciada. Vingegaard sigue siendo un killer en las contrarrelojes y en alta montaña, y los jóvenes lobos acechan. Pero días como hoy te recuerdan por qué amamos este deporte.

Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página y en mis crónicas personales. La carretera no descansa, y nosotros tampoco.

 

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