
¡Qué barbaridad de ciclismo! La quinta etapa del Giro de Italia 2026, entre Praia a Mare y Potenza, no fue una simple carrera; fue una obra de teatro clásica, desgarradora y bellísima, pintada sobre un lienzo de 203 kilómetros. El cielo se derrumbó sobre el pelotón en forma de tormentas y granizo impío, transformando los más de 4.100 metros de desnivel en un calvario líquido. En radio, televisión y Twitter se mascaba la épica antes de que la carretera dictara su ley.
La batalla estalló temprano, en las rampas de Prestieri. Bajo un diluvio, trece valientes desafiaron al mundo. Einer Rubio, Jhonatan Narváez, Victor Campenaerts, Afonso Eulálio y el joven Igor Arrieta se marcharon con el cuchillo entre los dientes. Por detrás, el Lidl-Trek de la maglia rosa Giulio Ciccone se quedó solo, desbordado ante la pasividad de los grandes gallos, que guardaban fuerzas para el Blockhaus. La ventaja de la fuga superó los cinco minutos y el liderato cambió de dueño virtualmente.
Llegó la Montagna Grande di Viggiano, con rampas infernales del quince por ciento. El esfuerzo quemaba en las piernas. Ahí, Arrieta, hijo del histórico José Luis Arrieta, asestó un hachazo seco que destrozó la armonía de los escapados. Solo Eulálio, con una forma descomunal, se soldó a su rueda tras un agónico esfuerzo. Ambos abrieron un abismo con los perseguidores, mientras el pelotón rodaba resignado.
Pero el ciclismo es cruel y exige tributos de dolor. En el vertiginoso y empapado descenso, a trece kilómetros del final, Arrieta arriesgó demasiado en una curva y se fue al suelo. El portugués voló hacia la gloria, mientras en internet ya se cantaba su doblete y liderato. Sin embargo, la Basilicata salvaje tenía un giro de guion aún más retorcido.
A falta de seis kilómetros, la tragedia cambió de bando. Eulálio cometió el mismo error, resbaló en el asfalto helado y besó el suelo. ¡Qué drama! Arrieta, con los codos ensangrentados y la bici magullada, enlazó con el luso. Dos soldados heridos, vacíos por el esfuerzo, compartían un pacto de caballeros camino del repecho final en Potenza.
El destino guardaba una última carta de agonía. A dos kilómetros del final, Arrieta se equivocó en un desvío. Los espectadores se llevaban las manos a la cabeza; parecía el golpe definitivo. Eulálio se marchó unos metros por delante, acariciando el triunfo. Pero el pundonor del chaval del UAE Team Emirates fue de otro planeta. Pedalada a pedalada, remontó en un sprint salvaje para batir al portugués en los últimos cien metros.
Arrieta cruzó la meta llorando, exhausto, conquistando una victoria épica que ya es eterna en el ciclismo nacional. Eulálio, segundo en un desenlace de locos, se vistió con la maglia rosa, convirtiéndose en el tercer portugués en lograrlo tras Acácio da Silva y João Almeida. El uruguayo Thomas Silva fue tercero, cerrando un podio de puros valientes. Una jornada indomable que nos recuerda por qué amamos este bendito deporte.
Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página y en mis crónicas. La carretera no descansa, y nosotros tampoco.




