La Copa del Rey volvió a confirmar que no entiende de jerarquías ni de clasificaciones previas. En la Fonteta de València, el CV Melilla necesitó casi tres horas de máxima exigencia para doblegar a un Cisneros La Laguna combativo, incómodo y competitivo hasta el último punto. El billete para la final se decidió en el ‘tie break’, con Federico Martina como figura capital de un partido que exigió paciencia, carácter y una capacidad de sufrimiento poco habitual.

El encuentro arrancó con un Cisneros valiente, decidido a marcar territorio desde el inicio. Los tinerfeños sorprendieron con un ritmo alto y una ejecución eficaz que obligó a Abdelkader Salim a intervenir pronto desde el banquillo. Melilla tardó en asentarse, pero cuando lo hizo encontró en Martina el sostén ofensivo necesario para equilibrar el marcador y convertir el primer set en un intercambio constante de golpes. En ese contexto de igualdad, el equipo norteafricano supo gestionar mejor los puntos decisivos para cerrar la manga inicial y tomar ventaja.
La respuesta de La Laguna no se hizo esperar. El segundo set mantuvo la tensión y el equilibrio, pero un contratiempo serio condicionó al Melilla. La lesión de Dani Ruiz obligó a reajustes forzados y alteró la estructura defensiva del equipo. Cisneros aprovechó la situación con inteligencia, mantuvo la calma cuando Melilla amagó con la remontada y cerró el parcial para devolver el partido al punto de partida.
Lejos de descomponerse, Melilla volvió a mostrar su fortaleza mental en el tercer set. A pesar de un nuevo inicio favorable a los colegiales, el conjunto melillense supo igualar el ritmo y resistir el intercambio punto a punto hasta volver a encontrar una pequeña grieta en el tramo final. Como ya había ocurrido antes, la experiencia y el oficio marcaron la diferencia para recuperar la ventaja en el marcador.
El cuarto set fue una prueba de resistencia colectiva. Cisneros, sostenido por el empuje de Thomas Sleurink y el apoyo del público, se negó a aceptar la derrota. El parcial se movió siempre en márgenes mínimos, con alternativas constantes y un desenlace agónico. La Laguna supo soportar la presión y forzó el desempate, llevando el partido a un quinto set que ya se intuía imprevisible.

En el ‘tie break’, Melilla dio un golpe de autoridad. Abrió una brecha que parecía definitiva y, aunque Cisneros se resistió hasta el final, el conjunto melillense no permitió que el partido se le escapara. Con sangre fría y una ejecución sólida en los últimos puntos, cerró el set definitivo y certificó su pase a la final, donde le espera el Conectabalear CV Manacor.
La actuación de Federico Martina, autor de 25 puntos, simbolizó la determinación de un Melilla que supo adaptarse a la adversidad y responder en los momentos de máxima presión. Cisneros La Laguna, por su parte, se despidió de la Copa con la cabeza alta tras un partido que rozó la gesta y que volvió a confirmar la igualdad creciente del voleibol nacional.
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La semifinal evidenció que en la Copa del Rey la gestión emocional pesa tanto como la calidad técnica. Melilla no fue superior de manera constante, pero sí más fiable cuando el partido exigía tomar decisiones bajo estrés. La figura de Martina emergió como referencia ofensiva, pero el verdadero valor estuvo en la capacidad colectiva para recomponerse ante lesiones, parciales adversos y un ambiente hostil. Para Cisneros, la derrota deja una sensación clara: el margen entre competir y alcanzar la final es mínimo, y el equipo tinerfeño ya está instalado en ese umbral.
Ficha técnica
2.- Cisneros La Laguna: Pont (-), Frac (2), Sleurink (27), Flores (7), Osado (-), Duque (13), Noda (11), Roberts (1), Andreu (21) y Costa (-).
3.- CV Melilla: Malaber (2) (líbero), Ruiz (-) (líbero), Méndez (21), García (-), Nath (8), Arquez (5), Rodríguez (-), Macarro (13), París (12), Álvarez (-) y Martina (25).
Parciales: 23-25; 25-23; 22-25; 26-24 y 10-15.
Árbitros: Gloria María Souto Jiménez y Rubén Sánchez. Sacaron tarjeta amarilla a Rivera.
Incidencias: segundo partido de semifinales de la Copa del Rey de Voleibol disputado en el pabellón de la Fonteta (València) ante 2.350 espectadores.




