Mireia Cabañes nunca ha entendido el deporte como un lugar en el que instalarse cómodamente. Después de construir una destacada trayectoria internacional sobre una tabla de surf, la valenciana ha decidido cambiar temporalmente el mar por la nieve para perseguir un objetivo tan ambicioso como estimulante: intentar competir en los Juegos Paralímpicos de Invierno de 2030.
A sus 39 años, Cabañes inicia esta nueva aventura después de proclamarse campeona de España y Europa y subcampeona del mundo en surf adaptado. Ahora aprende los códigos de una disciplina completamente diferente mientras mantiene también sus objetivos sobre las olas.
El reto deportivo tiene además una dimensión especial para la Comunitat Valenciana. Cabañes quiere convertirse en la primera deportista valenciana, con o sin discapacidad, que alcance unos Juegos de Invierno.
Todavía queda un camino enorme hasta 2030 y la propia deportista es consciente de ello. El snowboard competitivo acaba prácticamente de entrar en su vida y la prioridad pasa por evolucionar progresivamente sin comprometer su salud.
Pero si algo ha caracterizado su trayectoria ha sido precisamente la voluntad de probar aquello que parecía difícil.
Del Mediterráneo a entrenar sobre la nieve
Cabañes ha comenzado a preparar esta nueva etapa en Snowzone Madrid, la pista cubierta donde puede entrenarse regularmente mientras adquiere experiencia sobre la tabla.
El cambio respecto al surf es considerable. Hay nuevas técnicas que aprender, otras exigencias físicas y una adaptación especialmente importante en su caso para encontrar la manera más eficiente y segura de desplazarse sobre la nieve.
Porque el rendimiento no es el único límite.
Cabañes convive con dolor crónico y reconoce que cualquier progresión debe respetar siempre una frontera fundamental: su salud.
Su intención es luchar por llegar a los Juegos, pero no a cualquier precio. La preparación debe permitirle encontrar la técnica adecuada para competir sin generar lesiones o agravar sus problemas físicos.
Ese equilibrio entre ambición y prudencia será probablemente uno de los grandes desafíos de los próximos años.
Una vida transformada a los siete años
La relación de Mireia Cabañes con el deporte no puede comprenderse completamente sin regresar a su infancia.
A los siete años le diagnosticaron un sarcoma de Ewing, un cáncer óseo que obligó a amputarle la pierna izquierda.
También fue sometida a una rotoplastia de Van Ness, una cirugía reconstructiva que modificó profundamente su anatomía para preservar funcionalidad y facilitar posteriormente el uso de una prótesis.
Aquella experiencia condicionó su vida, pero no terminó definiendo sus límites.
Con los años encontró en el deporte un espacio desde el que competir, crecer y también desconectar de los problemas cotidianos.
El surf había sido una inquietud desde pequeña, aunque durante mucho tiempo echó de menos referentes que le mostraran que también podía practicarlo.
Finalmente lo consiguió.
Y no se conformó con entrar al agua.
Terminó llegando a la élite.
Del surf internacional a buscar un nuevo camino
Los resultados obtenidos en el surf colocaron a Cabañes entre las principales especialistas españolas de su modalidad.
Campeona nacional y europea y subcampeona mundial, todavía mantiene objetivos importantes sobre las olas. Pero esa trayectoria no ha impedido que aparezca una nueva inquietud.
El snowboard representa ahora otro comienzo.
Cabañes vuelve a encontrarse en una posición poco habitual para una deportista acostumbrada a competir al máximo nivel: aprender, cometer errores y construir desde prácticamente cero las habilidades necesarias para desenvolverse en otra disciplina.
La diferencia es que ahora cuenta con toda la experiencia acumulada durante años de competición.
Y con un objetivo escrito en grandes letras: 2030.
La falta de referentes se convierte ahora en ganas de convertirse en uno
Su experiencia personal ha generado también una reflexión sobre la presencia de chicas con discapacidad dentro del deporte.
Cabañes recuerda que cuando quiso aproximarse al surf apenas encontraba referentes similares a ella.
Ahora aspira a contribuir a cambiar esa realidad.
Quiere que otras jóvenes con discapacidad que tengan curiosidad por probar deportes como el surf o el snowboard encuentren más cerca ejemplos y apoyo para hacerlo.
Ese mensaje resulta probablemente tan importante como cualquier medalla.
Porque detrás de cada deportista que consigue abrir una puerta puede aparecer otra persona que hasta entonces ni siquiera sabía que esa puerta existía.
De las pistas y las olas a las aulas
El deporte tampoco ocupa todo su tiempo.
Cabañes desarrolla también una faceta vinculada a la docencia, las charlas y los encuentros con jóvenes en centros educativos, donde comparte su experiencia frente al cáncer, la discapacidad y el temor al rechazo.
La capacidad para utilizar el humor forma igualmente parte de su manera de relacionarse con una realidad que podría haber afrontado desde un registro completamente diferente.
Su historia ha terminado también convertida en libro. En Yo puedo, recientemente publicado, recoge parte de ese recorrido personal y la manera en que la enfermedad terminó modificando su vida.
Su conclusión puede resultar sorprendente para quien contemple únicamente todo lo que tuvo que superar.
Cabañes asegura que no borraría aquella experiencia porque considera que forma parte esencial de la persona que es actualmente.
Globalon Insight
Hay una tentación peligrosa cuando hablamos de deporte adaptado: convertir cada historia en un relato exclusivamente de superación y olvidar que detrás existe una deportista.
Mireia Cabañes merece una mirada diferente.
No quiere participar únicamente para demostrar que puede hacerlo. Ya lleva años compitiendo, ganando campeonatos y midiéndose con las mejores.
Ahora ha elegido voluntariamente complicarse la vida deportiva otra vez.
Después del surf llega el snowboard. Después de aprender a competir sobre las olas, toca hacerlo sobre la nieve. Y después de alcanzar campeonatos nacionales, europeos y mundiales, aparece un objetivo completamente nuevo: los Juegos Paralímpicos de Invierno de 2030.
No sabemos si llegará.
Ella misma reconoce que existe una frontera que no atravesará: la salud estará antes que cualquier clasificación.
Y precisamente ahí encontramos una reflexión interesante.
La ambición deportiva no consiste siempre en avanzar sin mirar atrás. También puede significar conocer el propio cuerpo, asumir riesgos razonables y entender cuándo merece la pena seguir apretando.
Cabañes comienza prácticamente desde cero en el snowboard mientras continúa vinculada a la élite del surf.
Tiene cuatro años por delante para descubrir hasta dónde puede llegar.
Y después de todo lo vivido, pocos desafíos parecen demasiado extraños para una deportista que ha hecho precisamente de eso una forma de entender el deporte: encontrar otra montaña cuando parecía que ya había subido todas.




