
Hay algo que el aficionado al baloncesto conoce demasiado bien: esa sensación de mirar el marcador, comprobar que los minutos se agotan y empezar a temer que el esfuerzo de toda una noche termine sin recompensa.
El viernes, en Ourense, el Lucentum volvió a encontrarse ante uno de esos momentos. Perdía al comenzar el último cuarto. El partido se complicaba y había que reaccionar.
Y reaccionó.
Porque este HLA Alicante empieza a demostrar algo que va más allá de sus cuatro victorias: cuando las cosas se complican, no deja de creer.
El 79-83 final certificaba el cuarto triunfo consecutivo de un equipo que todavía no conoce la derrota. Pero, sobre todo, dejaba una sensación que el aficionado alicantino llevaba tiempo necesitando recuperar: la de confiar en que su equipo puede encontrar respuestas incluso cuando el partido se pone cuesta arriba.
Y eso, después de lo vivido la temporada pasada, tiene un valor especial.
Entonces también hubo motivos para ilusionarse. El Lucentum llegó a mirar hacia arriba con ambición, pero aquella prometedora trayectoria terminó deshaciéndose durante una segunda vuelta decepcionante. El equipo alcanzó los playoff con dificultades y se despidió ante Estudiantes sin ganar un solo encuentro.
La ilusión se había convertido en desencanto. Y recuperar la confianza de una afición nunca resulta tan sencillo como cambiar de jugadores.
Sin embargo, algo parece estar cambiando.
Pedro Rivero ha vuelto. Y con él, la sensación de que este nuevo proyecto tiene una dirección reconocible. Conoce el club, sabe lo que significa defender sus colores y ya ha demostrado que es capaz de conducir a un equipo hacia objetivos importantes.
Lo llamativo es que está consiguiendo resultados con una plantilla prácticamente nueva. Solo Mike Torres continúa del curso anterior. Los demás todavía están aprendiendo a conocerse, a interpretar los movimientos de sus compañeros y a construir esa complicidad que tantas veces decide los partidos igualados.
Y, mientras todo eso sucede, el Lucentum gana.
Gana incluso cuando no domina. Gana cuando tiene que remontar. Y empieza a transmitir una cualidad que no aparece en las estadísticas: la confianza de un grupo que se siente capaz de competir hasta el último segundo.
El propio Rivero reconoce que su equipo todavía está lejos de alcanzar todo su potencial. Una afirmación ilusionante, aunque convenga no olvidar que la temporada es larga y que las verdaderas dificultades acabarán llegando.
Será entonces cuando descubramos hasta dónde puede llegar este Lucentum.
Pero hay algo que ya empieza a cambiar en Alicante. El aficionado vuelve a mirar el calendario con ganas de que llegue el siguiente partido.
Hace unos meses, el Lucentum terminaba la temporada con la sensación de haber perdido mucho más que unos partidos.
Hoy, cuatro victorias después, todavía no ha ganado ningún título, pero ha recuperado algo sin lo que jamás se gana ninguno: la ilusión de quienes nunca dejaron de estar a su lado.




