
La contrarreloj, a menudo percibida como una prueba fría y técnica basada en números y vatios, adquiere una dimensión diferente cuando se celebra en la penúltima semana de La Vuelta. Se transforma en un duelo a cara de perro entre dos ciclistas que se han estado observando con recelo durante días. Hoy, en la etapa de 32 kilómetros casi llanos entre El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera, Enric Mas ha demostrado una vez más que el maillot rojo le sienta como un guante. Cedió 33 segundos a Primoz Roglic, pero sigue líder con un margen de un minuto y 37 segundos. Suficiente para respirar, aunque sea por un tiempo.
Stefan Küng, el suizo del equipo Tudor, voló sobre la carretera, marcando un tiempo de 35 minutos y 22 segundos y llevándose la etapa con autoridad. Un tiempo que ningún otro ciclista pudo igualar. Callum Thornley se quedó a tan solo tres segundos. Mientras los especialistas rodaban a tope, la verdadera batalla se libraba en la cabeza de la clasificación general. Roglic hizo lo que se esperaba de él: apretó, buscó cada segundo y aprovechó su experiencia contra el crono para recortar tiempo. De los más de dos minutos de desventaja que tenía, ha pasado a menos de un minuto y medio. Ben O’Connor (Decathlon AG2R La Mondiale) bajó un puesto y ahora ocupa la tercera plaza, a más de tres minutos de Mas.
Mas rodó con seriedad, concentración y sin florituras. Se le veía tenso en la rampa de salida, pero una vez en la carretera encontró su ritmo. No es su terreno favorito, eso lo sabe todo el mundo, pero ha aguantado, defendido y sufrido en esos últimos kilómetros donde el viento se hace sentir y las piernas pesan. Al cruzar la meta, su gesto era de alivio, un alivio enorme, porque sabía que el esloveno venía fuerte. Y aun así, ha resistido.
Esta contrarreloj ha dejado la clasificación general más apretada e interesante. Ahora todo apunta a la montaña. Mañana se subirá a Peñas Blancas y el sábado al Collado del Alguacil. Ahí se decidirá de verdad la carrera. Mas tiene el maillot rojo y el coraje. Roglic tiene la experiencia y la ambición de quien sabe que aún puede ganar. Gall sigue al acecho. Quedan tres días para el final y la carrera está viva, muy viva.
Se ha hablado mucho de la solidez del mallorquín, de cómo ha madurado y de ese momento en el que ya no se conforma con pelear, sino que quiere ganar. También se ha comentado el hambre de Roglic, ese instinto de cazador que nunca se apaga. Hoy ambos han estado a la altura de las circunstancias. Uno defendiendo el liderato, el otro atacando. La carretera, como siempre, ha puesto a cada uno en su sitio.
Quedan jornadas duras, días en los que el calor, el desnivel y la tensión pueden cambiarlo todo. Pero esta tarde en Jerez ha quedado claro que Enric Mas no regala nada. Que el maillot rojo le pesa, sí, pero también le empuja a dar lo mejor de sí. Y que Roglic no se va a rendir hasta el último metro en Granada.
Ha sido un placer narrarles esta emocionante batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página y en mis crónicas personales. La carretera no descansa, y nosotros tampoco.




