
Había algo especial en el aire de esta decimoséptima etapa. Desde Dos Hermanas hasta el corazón de Sevilla, casi 185 kilómetros de terreno llano que prometían un esprint desde el primer metro. El pelotón lo sabía, y el británico Matthew Brennan, más aún.
La fuga de Sinuhé Fernández y Enzo Paleni se mantuvo con dignidad durante buena parte del día. Lucharon como solo se pelea cuando se sabe que el final está escrito de antemano. El pelotón les dejó jugar un rato, pero cuando faltaban tres kilómetros, la aventura llegó a su fin. Entonces llegó el ruido de los trenes. Visma, Uno-X, todos los que tenían algo que decir se colocaron. Y en medio de ese caos ordenado, apareció otra vez él.
Brennan lanzó el esprint con esa potencia limpia que ya le conocemos. Por delante de Jordi Meeus y de un Magnus Cort que lo intentó todo. Quinta victoria en esta Vuelta. Segunda consecutiva. Un joven que está escribiendo su nombre con letras gordas en una carrera que no perdona a los que no llegan. Se siente la emoción de ver a alguien que todavía no parece consciente del tamaño de lo que está haciendo.
Mientras tanto, en la general no se movió ni una hoja. Enric Mas llegó tranquilo, con esos dos minutos y seis segundos de ventaja sobre Felix Gall y los dos minutos y diez sobre Primoz Roglič. El mallorquín sabe que mañana llega la contrarreloj y que ahí se puede jugar mucho. Hoy era día de guardar fuerzas, de no arriesgar, de mirar de reojo a los rivales sin forzar el ritmo. Y lo hizo con la calma de quien lleva la roja y no quiere soltarla todavía.
Sevilla se merecía un final así. Calles anchas, público en las aceras y esa sensación de que la carrera sigue viva. Brennan lo celebró con el puño cerrado y una sonrisa que se notaba de verdad. Sus compañeros le rodearon. El resto del pelotón ya pensaba en la crono de Jerez. Porque la montaña sigue esperando, pero primero hay que pasar por el reloj.
Esta etapa ha sido el respiro antes de la tormenta. Un día para los velocistas que ha dejado claro quién manda en el esprint de esta edición. Brennan parece imparable en esos metros finales. Y Mas, sereno como siempre, sigue al frente con la mirada puesta en lo que viene.
Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página y en mis crónicas personales. La carretera no descansa, y nosotros tampoco.




