El Villarreal encontró por fin el punto de ruptura que llevaba tiempo persiguiendo. Después de cinco jornadas sin ganar, el conjunto amarillo firmó ante el Espanyol un triunfo contundente, trabajado y con fases de inspiración que no se veían desde antes del largo bache. La Cerámica, que había vivido un mes de frustraciones, vio esta vez a un equipo reconocible, valiente y hambriento, frente a un Espanyol que llegó ordenado, compitió media hora… y se resquebrajó en cuanto el partido pidió respuestas rápidas.
El encuentro empezó con un giro inesperado: Gerard Moreno, previsto como titular, se cayó de la alineación en el calentamiento. Pero la ausencia del capitán no abrió ninguna herida en el plan de Marcelino. Tajon Buchanan, su sustituto, salió como si llevara semanas deseando un partido así. El canadiense fue el motor de cada aproximación del Villarreal, imponiendo ritmo, insistiendo en el uno contra uno y empujando al Espanyol hacia zonas incómodas.

El conjunto catalán respondió sin complejo. Quiso ser valiente, pisó área con frecuencia y llegó incluso a adelantarse en el marcador, aunque su gol quedó invalidado por falta previa. Hasta ese momento, el duelo caminaba en equilibrio: el Villarreal generaba más sensación de amenaza, pero el Espanyol defendía con rigor y aparecía cerca del área rival con cierta continuidad.
Todo cambió en un instante. Mikautadze, que llevaba minutos dando señales de peligro, aprovechó un envío al corazón del área para controlar con intención y, girándose con precisión, clavar una volea que abrió el partido. Un golpe seco al marcador y, sobre todo, al ánimo visitante. Lo que llegó después fue una secuencia que explicó por qué el Espanyol atraviesa un momento delicado: en un despeje desesperado tras un contragolpe del Villarreal, Salinas terminó marcando en su propia portería. El equipo de Manolo González, que había competido bien durante la primera media hora, se marchó al descanso desconcertado y herido.

El segundo tiempo comenzó con el Espanyol intentando recomponer su plan desde la posesión, adelantando líneas y elevando intensidad. Pero el Villarreal no perdió la calma. Y en cuanto encontró una salida limpia, volvió a golpear. Pépé fabricó una acción individual soberbia para convertir el 3‑0, un tanto que dejó al Espanyol sin aire. Cinco minutos más tarde, un contragolpe bien lanzado terminó en los pies de Moleiro, que ajustó el cuarto con un golpeo sereno y definitivo.
Con el partido decidido, el Villarreal siguió insistiendo con naturalidad, empujado por la sensación de dominio que llevaba semanas persiguiendo. Marcelino aprovechó para rotar, dar minutos a Freeman y al canterano Hugo López, y gestionar un tramo final que ya pertenecía al público. El Espanyol encontró un pequeño consuelo en el 4‑1 de Cabrera a balón parado, un cierre que maquilló el marcador pero no el desarrollo del encuentro.
En una tarde necesaria para reconstruir autoestima, el Villarreal firmó un partido que, más allá del resultado, volvió a conectar su juego con su identidad.
Globalon Insight
El partido deja una lectura clara sobre ambos equipos.
El Villarreal, por primera vez en semanas, jugó con convicción. No fue solo cuestión de eficacia, sino de estructura: un equipo corto, valiente para presionar y con un ritmo ofensivo que creció a medida que avanzó el partido. La explosión de Buchanan en los primeros minutos fue la chispa; la contundencia de Mikautadze, Pépé y Moleiro, el resto del incendio. Marcelino necesitaba una tarde así para calibrar que su plan sigue vivo.
El Espanyol, en cambio, mostró un patrón preocupante: compite hasta que recibe el primer golpe, pero no encuentra herramientas para reconstruirse cuando el partido se le vuelve cuesta arriba. La fragilidad emocional es tan evidente como la futbolística. Cuatro derrotas seguidas y una sensación de bloqueo que la plantilla empieza a notar en cada tramo decisivo.
El 4‑1 no es solo un marcador: marca un punto de inflexión para el Villarreal y un aviso serio para un Espanyol obligado a reaccionar rápido si no quiere convertir un bache en un problema estructural.
Ficha técnica
Villarreal 4: Luiz Júnior; Mouriño (Freeman, 73’), Pau Navarro, Renato Veiga, Cardona; Buchanan (Ayoze, 64’), Parejo (Comesaña, 64’), Gueye, Moleiro (Hugo López, 80’), Pépé y Mikautadze (Oluwaseyi, 73’).
Espanyol 1: Dmitrovic; El Hilali, Calero (Riedel, 46’), Cabrera, Salinas; Pere Milla (Roca, 72’), Urko, Pol Lozano, Dolan (Ngonge, 59’), Edu Expósito (Pickel, 59’) y Roberto (Kike García, 59’).
Goles: Mikautadze (35’), Salinas p.p. (41’), Pépé (50’), Moleiro (55’), Cabrera (88’).
Árbitro: Adrián Cordero Vega (Comité cántabro). Amarillas a Buchanan y Gueye; Salinas, Edu Expósito y Riedel por el Espanyol.
Incidencias: Jornada 23 de LaLiga EA Sports en La Cerámica (16.825 espectadores). Homenaje a Santi Comesaña por sus 100 partidos oficiales.




