
Hay centímetros que valen tres puntos. Y otros que pueden costarte una temporada.
Ayer, en el Rico Pérez, la fortuna decidió ponerse la camiseta del Hércules. Isaac Obeng se inventó un golazo, el balón golpeó en el poste y entró. Unos centímetros más a la derecha y quizá estaríamos hablando de otra oportunidad desperdiciada.
Pero la pelota entró. Y el Hércules ganó. Y volvió a puestos de playoff después de más de un año.
Así es el fútbol. A veces basta con que una pelota rebote hacia el lado adecuado para que el día después amanezca mucho más bonito.
Lo curioso es que, noventa minutos después del pitido inicial, el Hércules seguía dejando algunas de las mismas preguntas que llevamos haciéndonos desde que comenzó la temporada.
¿Ha mejorado? Seguramente. ¿Es más sólido? Los números dicen que sí. Cuatro partidos consecutivos sin encajar un gol merecen reconocimiento. Aunque tampoco convendría olvidar la entidad de algunos rivales. Porque ante los dos primeros adversarios, de mayor exigencia, encajamos cuatro goles. Y eso también forma parte de las estadísticas.
El Sant Andreu tampoco parecía el adversario más indicado para poner a prueba las aspiraciones de un equipo que pretende ascender. Y, sin embargo, ahí estaba el Hércules, otra vez, defendiendo una victoria por la mínima hasta el último suspiro.
Es verdad que durante la primera parte vimos momentos interesantes. El equipo presionó, recuperó balones, tuvo iniciativa y encontró en Obeng a un futbolista capaz de hacer lo que tantas veces echamos en falta: resolver por sí solo lo que colectivamente cuesta demasiado.
Su gol fue magnífico. Un recorte, un zurdazo y una de esas genialidades individuales que, por desgracia, seguimos necesitando demasiado para resolver los partidos.
Pero después llegó la segunda parte. Y con ella, esa vieja costumbre herculana de complicarse los partidos que deberían estar resueltos.
Porque cuando un equipo es superior, pero no consigue traducir esa superioridad en goles, acaba entregando su tranquilidad a los caprichos del destino.
Y el destino estuvo a punto de gastarnos una broma pesada en el minuto 90.
Blazic, tantas veces salvador del Hércules, calculó mal un balón aparentemente inofensivo que se le escapó por debajo del cuerpo y comenzó a buscar la portería. Por fortuna, reaccionó a tiempo y lo atrapó antes de que cruzara la línea.
Otra cuestión de centímetros.
Si aquella pelota hubiera terminado dentro, probablemente hoy estaríamos hablando de una nueva decepción. Pero no entró. Y eso, que parece una obviedad, cambia por completo el relato de un partido.
También tuvimos nuestro habitual capítulo arbitral. Una vez más se unió el error humano con esa especie de VAR de saldo que permite revisar jugadas, pero no garantiza que después de verlas entendamos mejor las decisiones.
Primero hubo un penalti señalado a favor del Hércules que dejó de serlo después de consultar la pantalla. Más tarde, un gol anulado a Ben Hamed por un fuera de juego muy discutible que sobrevivió incluso a una segunda revisión. Otra vez algún centímetro tuvo la culpa.
Y, por el camino, Torices se libró de una segunda amarilla mientras Beto Company terminó amonestado por protestar y Manu Rico fue expulsado desde el banquillo.
Uno empieza a sospechar que, en esta categoría, lo verdaderamente revolucionario sería inventar un sistema que permitiera revisar las decisiones del árbitro sin que acabáramos hablando más del monitor que del partido.
En cualquier caso, sería injusto que la polémica eclipsara lo verdaderamente importante.
El Hércules ha ganado cuatro de sus últimos cinco encuentros, lleva cuatro jornadas sin recibir un gol y ocupa la cuarta posición de la clasificación. Son hechos, no opiniones. Y después de tantos meses alejados de los puestos de privilegio, merecen una sonrisa.
Pero tampoco convendría confundir la sonrisa con la euforia.
Porque una cosa es entrar en playoff y otra muy distinta asegurar que se tiene equipo para permanecer allí hasta el momento de la verdad.
Ahora llegan Algeciras y Tarragona. Dos desplazamientos que deberían ayudarnos a descubrir si estamos ante un Hércules que empieza a despegar o simplemente ante un equipo que ha aprendido a sobrevivir mejor.
De momento, disfrutemos de la clasificación. Nos lo hemos ganado después de tantos disgustos.
Pero no olvidemos que para llegar a Segunda todavía quedan muchos kilómetros…
Y aquí seguimos sumando en centímetros.




