Artículos de Opinión

::Opinión – El Hércules ganó a lo pena-nka

De tener un penalti a favor y jugar con uno más a terminar ganando por la mínima y sufriendo hasta el final

Álex Jiménez quiso tirarlo a lo Panenka y le salió a lo Pena-nka.

El penalti a lo Panenka ya sabemos lo que es. Lo de Pena-nka no existe, pero ayer en Águilas el Hércules estuvo cerca de inventarlo.

Sería algo parecido a ganar sufriendo. Siempre al filo. En un penalti a lo Panenka, contienes la respiración conforme la pelota se acerca a la portería.

Miras al portero, al balón. Es un instante de suspense que parece alargarse mientras la pelota flota en el aire y nadie sabe cómo acabará. Bueno, pues algo así sería ganar a lo Pena-nka. Vas ganando, juegas con uno más pero al final el balón parece flotar más despacio, movido únicamente por el soplido desesperado del contrario. Y tú solo quieres que el tiempo corra más deprisa que la pelota. Que llegue el pitido final. Que los tres puntos sigan siendo tuyos. Eso sería ganar a lo Pena-nka.

Y algo así hizo el Hércules.

Curiosamente, todo empezó con un Panenka. Álex Jiménez mandó el penalti por encima del larguero y seis minutos después enmendó su error de una manera bastante más complicada: centro de Víctor Narro y remate de primeras para hacer el 0-1.

Con ventaja en el marcador y un futbolista más, parecía el momento de mandar, buscar el segundo y regresar a Alicante con una victoria tranquila.

Pero el segundo no llegó.

Como ya ocurrió frente al Torremolinos, el Hércules fue dando un paso atrás y el Águilas creyó en el empate. Tanto que llegó a marcarlo.

Y apareció entonces el FVS, ese VAR de tercera que no tiene líneas calibradas, ni escuadra ni cartabón. Aquí manda el ojímetro del colegiado.

Esta vez, por suerte, debía de estar bien graduado.

Fuera de juego.

Y respiramos.

Aunque para poder hacerlo hubo que agradecerle unas cuantas cosas a Blazic. El joven portero esloveno tuvo que volar más veces de las aconsejables para un equipo que ganaba y jugaba contra diez.

Pero tampoco confundamos la crítica con la amnesia.

Este Hércules ha cambiado. Y bastante.

Tres victorias consecutivas. Nueve puntos de nueve. Dos triunfos seguidos lejos del Rico Pérez.

Partidos como el de Aguilas, no hace tanto tiempo, tenían una sospechosa tendencia a terminar en empate. O peor.

Ahora el Hércules sabe ganarlos.

Y eso es un avance enorme.

El siguiente paso es aprender a cerrarlos antes. Porque una cosa es tirar de oficio y otra necesitar que tu portero se ponga la capa de superhéroe cuando ganas 0-1 y juegas contra diez.

Y para eso sigue faltando gol.

En los dos últimos partidos, un gol ha valido tres puntos. Y después otro gol ha valido otros tres.

Seis puntos por dos goles.

Es una rentabilidad extraordinaria, desde luego, pero peligrosa como modelo de negocio.


Ahora llegan Real Jaén y Sant Andreu al Rico Pérez. Seis puntos más convertirían aquel preocupante cero de seis inicial en quince puntos de quince posibles.

Quién nos lo iba a decir entonces.

Quizá sea pronto para pedirle a este Hércules que gane bonito, marque tres y nos permita llegar al final de los partidos con las pulsaciones en su sitio.

De momento está haciendo algo bastante más importante.

Está aprendiendo a ganar.

Porque las victorias son como los goles: unas entran por la escuadra, otras después de una jugada maravillosa y algunas casi hay que empujarlas entre todos para que crucen la línea.

Y cuando cruzan, valen exactamente lo mismo.

Que sigan entrando. De penalti, de rebote, en el descuento, a lo Panenka o a lo Fran Sol.

Llevamos demasiado tiempo preguntándonos cómo volver.

Como para ponernos ahora finos con la manera de ganar.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba