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::Ciclismo – El granizo robó la primera batalla en Font Romeu: La Vuelta se detuvo y el rojo sigue en manos de Pogacar

 

Había ilusión en el ambiente. Tras dos jornadas de tanteo, la tercera etapa prometía el primer asalto serio a la general. Ciento setenta y cuatro kilómetros desde Gruissan hasta Font Romeu, con el Col de Mont-Louis como aperitivo y esa llegada en alto que todos esperaban para medir fuerzas. El desnivel acumulado superaba los dos mil seiscientos metros, y el pelotón sabía que ahí empezaba de verdad la lucha por la roja.

Durante buena parte del día, todo discurría según el guion. Una fuga de seis hombres, con Ethan Hayter entre ellos, tiraba hacia adelante mientras el pelotón controlaba con calma. El UAE de Pogacar marcaba el ritmo cuando convenía. Había viento, calor y esa sensación de que la montaña iba a hablar. Luego llegó el cielo y lo cambió todo.

En plena subida al Mont-Louis, el granizo cayó con una violencia que no se ve todos los días. Piedras del tamaño de una canica golpeaban cascos, hombros y carreteras. Los corredores se salían de la calzada buscando cualquier techo, cualquier refugio. Pogacar, que iba al frente del grupo principal, levantó la mano y paró a todos. No hubo discusión. Era cuestión de seguridad. La organización no tuvo más remedio que anular la etapa a falta de unos quince kilómetros.

No habrá ganador de etapa. No habrá bonificaciones ni tiempos que alteren la general. El esloveno sigue líder con esos nueve segundos sobre Wout van Aert y diez sobre Matthew Brennan. La clasificación queda congelada, como si el tiempo se hubiera detenido en mitad de la tormenta. Y sin embargo, algo sí ha cambiado. El pelotón ha visto de cerca lo frágil que puede ser una gran vuelta. Ha sentido el miedo real de una carretera imposible y ha comprobado que ni siquiera el favorito más claro puede imponer su voluntad al clima.

Hay quien murmura que esta anulación deja la carrera un poco más abierta, que mañana en Andorra todo se decidirá con más nervios. Otros piensan que Pogacar ha ganado un día de descanso mental mientras sus rivales se preguntan si el granizo no les ha robado una oportunidad. Lo cierto es que la montaña ya ha dejado su primera huella, aunque no haya sido con un ataque o un esprint, sino con un silencio forzado bajo el hielo.

Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página y en mis crónicas personales. La carretera no descansa, y nosotros tampoco.

 

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