Ciclismo

::Ciclismo – ¡Vingegaard se va al suelo y Evenepoel se corona en Solaison!

 

Qué etapa tan salvaje. La 15ª del Tour de Francia 2026, de Champagnole al Plateau de Solaison, 184 kilómetros con casi 4.700 metros de desnivel, prometía ser el primer gran choque de titanes en los Alpes. Y lo fue, pero de una manera inesperada y desgarradora.

Visma controlaba el pelotón con mano de hierro, protegiendo a Jonas Vingegaard, segundo en la general y con hambre de revancha. El danés, que había dormido poco tras un control antidopaje sorpresa en plena noche junto a Pogacar, se levantó, desayunó y salió a pelear. Pero en un roundabout de Bonneville, al salir de una curva aparentemente inocente, todo se torció. Un toque, una rueda que se va y Vingegaard al suelo. Brazo derecho dañado, cara de dolor infinito y el gesto de quien sabe que se acabó. Subió a la ambulancia con dificultad, visiblemente tocado.

El doble campeón del Tour, ganador este año del Giro, abandonaba por primera vez en su carrera. Un golpe al corazón de todos. Un tipo que corre con el alma y que se va así, sin poder despedirse como merece.

Mientras tanto, la carrera no esperaba a nadie. La escapada había abierto brecha, pero en las primeras rampas del Solaison —ese monstruo de 11,3 kilómetros al 9% que debutaba con saña— el fuego de verdad se encendió. Remco Evenepoel olió la sangre. El belga, al que algunos seguían poniendo en duda en las grandes montañas, se creció como un gigante. Atacó con cabeza, aguantó el duelo directo con Pogacar y se llevó la etapa con un sabor especial: su primera victoria en alta montaña en el Tour. Qué momento para él.

Pogacar, cómo no, estuvo a la altura. Controló con esa serenidad suya que intimida, respondió cuando tuvo que hacerlo y cruzó la línea reforzando el amarillo. No hubo grandes distancias, pero sí la confirmación de que sigue siendo el hombre a batir. Detrás, el pelotón llegó hecho trizas, con las caras desencajadas y las piernas vacías.

Esta jornada dejó un regusto agridulce. Alegría inmensa por Remco, que se merecía brillar así. Tristeza honda por Vingegaard, cuya caída nos recuerda lo frágil que es todo esto. Porque el ciclismo es épico, sí, pero también es cruel. Un segundo de despiste y adiós a semanas de preparación.

Mañana toca día de descanso. Los corredores lo necesitan como el aire. Piernas que piden clemencia, mentes que tienen que procesar lo vivido y una general que, aunque sigue mandando Tadej, ya huele a batalla abierta.

Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página y en mis crónicas personales. La carretera no descansa, y nosotros tampoco.

 

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