Ciclismo

::Ciclismo – Valgren, el guerrero que hizo estallar la fuga en Andalo

Qué etapa tan salvaje, amigos. La 17ª del Giro de Italia 2026, esa larguísima travesía de Cassano d’Adda a Andalo con 202 kilómetros y más de 3.300 metros de desnivel, nos devolvió el ciclismo que duele y emociona de verdad. Nada de puertos míticos que destrozan el alma, sino un terreno cabrón: repechos insidiosos que te comían las piernas poco a poco, falsos llanos traicioneros y esa lluvia fina que lo volvía todo resbaladizo y auténtico.

Desde el banderazo la carrera se encendió. Ataques por todas partes, un pelotón nervioso que no regalaba ni un metro y una fuga que se fue armando entre codazos y miradas afiladas. Primero salieron unos pocos, pero detrás se cocinó la buena Michael Valgren, Andreas Leknessund, Damiano Caruso, Einer Rubio, Gianmarco Garofoli, Igor Arrieta, Aleksandr Vlasov, Juanpe López y varios más. Un puñado de valientes con experiencia y con ese hambre que solo aparece en la tercera semana.
En los últimos 15 kilómetros aquello fue una guerra abierta.

Ataques y contraataques constantes. El grupo de cabeza se rompía y se recomponía. Valgren iba calladito, midiendo cada pedalada, sufriendo en silencio. Leknessund rodaba como un motor incansable, Caruso ponía la veteranía y Rubio metía garra por el Movistar. Cada repecho pesaba una tonelada, cada curva mojada pedía concentración total.

Y llegó el repecho final hacia Andalo. Ahí se vio la clase del danés. Valgren soltó un ataque seco, limpio, a poco más de un kilómetro. Nadie tuvo respuesta. Leknessund se quedó a la caza en solitario, pero el de EF ya volaba solo hacia la gloria. Detrás, los demás se jugaron las plazas en un sprint doloroso y lleno de honor.

La meta…,. Valgren cruzó con los brazos en alto, cara desencajada, gritando al cielo después de tanto tiempo. En la mano, bien agarrada, una chapa de Pokémon que le habían dado sus hijos. Un detalle pequeño y enorme que te recuerda que detrás del guerrero hay un padre que ha pasado por el infierno de las lesiones y ha vuelto más fuerte.

En el pelotón grande, respeto absoluto. Jonas Vingegaard, con la maglia rosa bien cosida, no quiso riesgos innecesarios. La general ya huele a Dinamarca, pero hoy la jornada fue para los de la escapada.
Ver a Valgren así te pone un nudo en la garganta. Esto es el ciclismo de verdad: coraje, paciencia e inteligencia cuando la carretera aprieta de lo lindo.

Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página y en mis crónicas personales. La carretera no descansa, y nosotros tampoco.

 

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