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::Ciclismo – Carapaz se lleva la gloria, Pogi sella su quinto tour y Del Toro sube al podio

Qué etapa, madre mía.

La vigésima del Tour de Francia 2026 fue de esas que te dejan con la boca abierta y el corazón acelerado. Desde Le Bourg-d’Oisans, con ese panorama alpino imponente, hasta el Alpe d’Huez por la vertiente del Sarenne, una ruta poco vista que añadió todavía más picante y sufrimiento.

Más de 5.400 metros de desnivel puro. La Croix de Fer para abrir boca, el Télégraphe-Galibier castigando sin piedad y el Sarenne dejando a muchos al borde del abismo.

La reina de esta edición no perdonó ni un metro.

Carapaz se movió como pez en el agua.

El ecuatoriano olió la escapada buena, se metió dentro con decisión y fue quien mejor aguantó ese ritmo infernal en las cimas más duras. Coronó el Galibier con autoridad y remató en las últimas rampas con esa garra que siempre le ha definido.

Victoria merecida para un ciclista que se crece cuando la carretera duele de verdad.

Se lleva la etapa y los lunares bien ganados.

Pero el relato de fondo fue todavía más grande.
Isaac del Toro, el joven toro mexicano, pedaleó con una madurez impropia de sus 22 años. Sufrió, apretó los dientes y nunca se descolgó cuando la cosa se puso realmente fea.

Cruzó en quinta posición, pero con el premio gordo: tercer puesto de la general sellado y maillot blanco de mejor joven en el bolsillo.

El primero de México en un podio del Tour.
Historia pura.

Pogačar, soberano absoluto, controló todo con mano de hierro.

Ya con el amarillo casi bordado, prefirió proteger a su compañero antes que jugársela por la etapa. Un gesto que dice mucho de cómo se corre en el UAE.

El esloveno no necesitaba demostrar nada más. El Tour estaba prácticamente en su bolsillo y la jornada exigía cabeza, no fuegos artificiales.
Quinto Tour de Francia a la vista.

Remco Evenepoel salvó los muebles como pudo y se aseguró el segundo puesto, aunque esta vez sin brillo.

Y luego está Paul Seixas.
El francés soñaba con ese cajón delante de su gente. Dio todo, atacó cuando tocaba y se agarró a la carretera hasta que las piernas dijeron basta.

La montaña fue más lista.
Cuarto al final, con la cabeza alta y ese sabor agridulce que dejan las grandes oportunidades cuando se escapan por unos segundos.

El pelotón se fue desgranando poco a poco.
Primero en la Croix de Fer.

Después, en ese interminable tramo del Télégraphe y el Galibier, a más de dos mil metros de altitud.

Y finalmente en el Sarenne, cuando las piernas ya pesaban como plomo y cada pedalada parecía costar el doble.

Ataques. Contraataques. Miradas entre rivales. Equipos al límite. Ciclistas buscando un último gramo de fuerza.
Puro ciclismo de alta montaña.

Y al final, el Alpe d’Huez recibiendo a los supervivientes entre aplausos, banderas y ese ruido inconfundible que convierte una llegada en algo mucho más grande que una simple meta.

Días así te recuerdan por qué amamos tanto este deporte.
Esfuerzo, lealtad, decepción, sufrimiento y gloria.

Todo mezclado en una misma jornada.
Mañana París celebrará a Pogačar con su quinto trofeo y verá a Isaac del Toro subir al podio como un héroe. Un joven mexicano que llegó al Tour para aprender y se marcha convertido en historia.

Y eso, amigos, no ocurre todos los días.

Ha sido un placer narrarles esta batalla.
Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página y en mis crónicas personales.

La carretera no descansa.
Y nosotros tampoco.

 

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