
Alicante vuelve a rendirse ante uno de los bocados más populares de su recetario. La plaza Séneca acoge desde este miércoles y hasta el domingo una nueva edición del campeonato Alacroqueta, una cita gastronómica que en su segundo año quiere dar un salto definitivo y superar la barrera de las 150.000 croquetas vendidas, duplicando prácticamente las cifras de su estreno.
El festival reúne a catorce restaurantes de la ciudad que compiten por alzarse con el título de mejor croqueta de Alicante 2026, en una experiencia pensada tanto para el disfrute del público como para la promoción de la creatividad culinaria local. Degustación, ambiente festivo y votación popular vuelven a ser los pilares de un evento que ya se ha consolidado como referente gastronómico provincial.
La inauguración contó con la presencia de la concejala de Hostelería, Comercio y Mercados, Lidia López, quien destacó el nivel de esta segunda edición y la dificultad que tendrán los asistentes para elegir entre propuestas “muy innovadoras, creativas y con una clara apuesta por el sabor y la calidad”. La edil agradeció tanto la implicación de los restaurantes participantes como la respuesta del público, verdadero protagonista del certamen a través de su voto.
Durante cinco días, miles de personas pasarán por la plaza Séneca para degustar las diferentes creaciones en packs de tres croquetas por seis euros. Cada consumición incluye un código QR que permite al público valorar individualmente cada propuesta atendiendo a criterios como la presentación, el sabor y la textura. El veredicto final se dará a conocer el domingo a las 15 horas, cuando se anuncien las tres croquetas mejor valoradas del campeonato, coronando a la vencedora absoluta de esta edición.
Detrás de Alacroqueta se encuentran Alicante Street Style y Alacant Street Market, con Elena Vidal y Rafa Baeza al frente de un formato que, con el respaldo del Ayuntamiento de Alicante, ha trascendido el ámbito local para proyectarse como un modelo exportable. De hecho, la organización prevé celebrar este mismo campeonato en otras ciudades de la provincia a lo largo del año, adaptándolo a los cocineros y restaurantes de cada municipio.
La oferta gastronómica de este 2026 confirma el carácter diverso del certamen. Desde reinterpretaciones de sabores tradicionales hasta propuestas de inspiración internacional, el recorrido por las catorce croquetas participantes se convierte en un viaje culinario en miniatura. A ello se suman dos puntos dulces, con tartas de queso y helados artesanos, así como bocadillos fuera de concurso, completando una experiencia pensada para un público amplio.
El festival también ha reforzado su apuesta por la inclusión alimentaria, incorporando dos croquetas sin gluten elaboradas por Donde Nakiss y Distópico, ambas avaladas por el sello de garantía de la Asociación de Celíacos de la Comunitat Valenciana. Un detalle que amplía el alcance del evento y refuerza su carácter integrador.
Tras vender más de 80.000 croquetas en su primera edición, Alacroqueta amplía este año tanto el espacio como los días de celebración. El horario se extiende hasta la medianoche el viernes y el sábado, mientras que el domingo cerrará a las 23 horas, consolidando a la plaza Séneca como epicentro gastronómico de la ciudad durante todo el fin de semana.
La concejalía de Hostelería, Comercio y Mercados subraya el valor de este tipo de eventos como herramienta de atracción turística y dinamización urbana. Alacroqueta no solo pone en valor un producto popular y transversal, sino que sirve también como escaparate del talento culinario alicantino, proyectando la marca ciudad a través de la gastronomía.
Globalon Insight
Alacroqueta demuestra que la gastronomía urbana vive un momento de madurez. No se trata solo de comer croquetas, sino de generar una experiencia colectiva en torno a un producto que conecta generaciones, estilos y públicos. Cuando la cocina de autor se baja al formato más popular, el éxito deja de medirse solo en premios y se cuenta en plazas llenas, repostajes repetidos y conversación compartida. Alicante ya no solo compite por la mejor croqueta: compite por convertirla en símbolo.




