
La montaña tiene algo que ninguna estadística puede medir: comunidad. Esa idea sobrevoló el Auditorio Alfons Roig de la Universitat Politècnica de València, donde la Federació d’Esports de Muntanya i Escalada de la Comunitat Valenciana celebró la Gala de Premios FEMECV 2025, un encuentro que se ha convertido en mucho más que un reconocimiento deportivo. Es un retrato generacional, un homenaje a quienes han dibujado el mapa emocional y cultural de la montaña en la Comunitat.
La ceremonia, cálida y con una presencia institucional notable, quiso subrayar que el montañismo valenciano no vive solo de retos físicos. Vive del tejido asociativo, del voluntariado, de quienes mantienen senderos, de los clubes que sobreviven década tras década, de quienes entienden que el paisaje también es memoria. Por eso, la FEMECV construyó una gala que viajaba de lo épico a lo íntimo en cuestión de minutos.
Entre los momentos más intensos destacó el homenaje a la Primera Expedición Valenciana al Himalaya. Fue en 1984, cuando un grupo de montañeros y montañeras se lanzó hacia el Gasherbrum II con la mezcla de osadía, romanticismo y precariedad que caracterizaba al himalayismo de la época. Aquel viaje marcó un antes y un después para la Comunitat, y la gala recuperó esa historia con emoción contenida, recordando también a quienes hoy ya no están. El reconocimiento tuvo algo de viaje en el tiempo: un puente entre generaciones que han cambiado las botas de cuero por tejidos técnicos, pero que siguen mirando a las montañas con la misma fascinación.
El senderismo también tuvo su espacio, reivindicado no solo como actividad deportiva, sino como herramienta de desarrollo territorial y cohesión social. Los galardones al Sendero Homologado del Año recayeron en el GR 92 E22 entre Torrevieja y Pilar de la Horadada, y en el PR‑CV 24 en la categoría de municipios en riesgo de despoblación. Dos itinerarios que representan el alma del senderismo: conectar comarcas, dinamizar entornos y descubrir paisajes que a menudo pasan desapercibidos. En un contexto de despoblación rural y debates sobre sostenibilidad, estos reconocimientos proyectaron un mensaje claro: caminar es también una forma de cuidar territorio.
A lo largo de la gala, el escenario se fue llenando de perfiles distintos, desde deportistas en plena proyección hasta referentes de una vida dedicada a la montaña. El montañismo valenciano tiene en su ADN la diversidad: escaladores, alpinistas, clubes centenarios, municipios que protegen sus entornos naturales, proyectos inclusivos que garantizan que nadie quede fuera por motivos físicos o sociales. La FEMECV quiso subrayar ese mosaico, entregando premios que no hablan solo de marcas o cronómetros, sino de vínculos humanos.
El reconocimiento a clubes que cumplen 25 y 50 años de vida fue otro de los instantes simbólicos de la noche. Medio siglo organizando salidas, enseñando técnica, cuidando caminos, manteniendo vivo un espíritu que ha sobrevivido a generaciones y modas deportivas. En un tiempo dominado por la inmediatez, esa continuidad tiene un enorme valor cultural.
El presidente, Carlos Ferrís, puso palabras a la intención de la gala: recordar que la Federación crece gracias a un ecosistema que mezcla deporte, valores y territorio. Seguridad, sostenibilidad, inclusión y compromiso fueron conceptos repetidos desde el escenario, recordando que la montaña es un espacio de convivencia antes que un escaparate competitivo. Su intervención sonó a declaración de principios: la FEMECV no entiende el montañismo sin tejido social.
La cita se cerró con la presentación de IRIER como nuevo colaborador oficial, un paso que refuerza la apuesta por la profesionalización y la mejora de las condiciones materiales en selecciones, deportistas y proyectos federativos. Un cierre con aroma de futuro que equilibró bien la mirada al pasado que había marcado buena parte de la gala.
Los Premios FEMECV 2025 volvieron a demostrar que la montaña valenciana está hecha de historias pequeñas y grandes, de hitos históricos y de gestos cotidianos, de quienes suben cumbres y de quienes las cuidan. Una comunidad enorme y diversa que, por una noche, compartió escenario para celebrar que el montañismo no es solo un deporte: es un lugar donde muchas vidas encuentran su sentido.
Globalon Insight
La gala FEMECV confirma una tendencia que se repite en los últimos años: el montañismo valenciano ha dejado de ser una actividad marginal para convertirse en una estructura compleja donde conviven alta montaña, senderismo, sostenibilidad, inclusión y memoria histórica. La presencia de instituciones indica que el deporte de montaña ya no se entiende solo desde su vertiente recreativa, sino como un eje de política territorial. El homenaje a la expedición del 84 enlaza con una generación que abrió camino, mientras que los proyectos de senderos homologados demuestran que el futuro pasa por territorios vivos, accesibles y protegidos. La entrada de IRIER como colaborador también apunta hacia un proceso de profesionalización progresiva que la FEMECV llevaba tiempo impulsando. El resultado: una comunidad fuerte, con identidad propia y un relato que sabe mirar atrás sin dejar de avanzar.



