

Veinte años después, la selección española masculina de hockey hierba vuelve a sentarse en la mesa de los grandes. Los RedSticks certificaron su presencia en las semifinales de la Copa del Mundo 2026 tras arrancar un valioso empate (1-1) frente a Bélgica, anfitriona del torneo y empujada por un estadio completamente entregado a los Red Lions.
El conjunto dirigido por Max Caldas llegaba al encuentro sabiendo que el empate era suficiente para alcanzar la siguiente ronda. Bélgica, por el contrario, necesitaba la victoria. Ese contexto convirtió el partido en una auténtica prueba de carácter para una selección española que tuvo que remar desde muy pronto.
La situación se complicó apenas transcurridos tres minutos de juego. Un rechace dentro del área permitió a Victor Foubert generar la acción que desembocó en un penalti córner transformado por los belgas para inaugurar el marcador. Poco después llegó un nuevo sobresalto con un tanto de Tom Boon que habría supuesto el segundo gol local, aunque la revisión arbitral terminó anulándolo por juego ilegal.

Lejos de venirse abajo, España fue encontrando su sitio sobre el césped. La presión defensiva empezó a funcionar, las recuperaciones se multiplicaron y las llegadas al área rival comenzaron a aparecer con mayor frecuencia. Chefo Basterra, Gerard Clapés, Pol Cabré o Borja Lacalle participaron en varias acciones que llevaron el peligro a la portería defendida por Vincent Vansh, aunque sin éxito en la definición.
El encuentro mantuvo una intensidad elevadísima durante toda la primera mitad. Bélgica también dispuso de ocasiones claras, incluida una acción de Tom Boon que acabó golpeando el poste cuando parecía cantarse el gol. España respondió con personalidad, sosteniendo el pulso competitivo y manteniéndose siempre viva en el partido.

Tras el descanso, el guion no cambió demasiado. Los anfitriones siguieron buscando el tanto que necesitaban para clasificarse, mientras los RedSticks respondían con orden, disciplina táctica y una sólida actuación defensiva. En ese escenario emergió una de las figuras de la noche: Luis Calzado. El guardameta español acumuló intervenciones decisivas que mantuvieron intactas las opciones de clasificación.
La recompensa llegó en el momento más importante. En el último cuarto, una jugada protagonizada por Marc Miralles acabó convirtiéndose en penalti córner para España. El propio Miralles asumió la responsabilidad y ejecutó un lanzamiento impecable para establecer el 1-1. Era el gol que colocaba virtualmente a los RedSticks entre los cuatro mejores equipos del planeta.
A partir de ahí tocó sufrir. Bélgica asumió todos los riesgos posibles y llegó incluso a sustituir al portero por un jugador de campo en los minutos finales. Sin embargo, la defensa española resistió cada intento local sin conceder el gol que habría cambiado la historia del encuentro.

El pitido final desató la celebración de una selección que llevaba dos décadas sin alcanzar unas semifinales mundialistas. El premio es enorme: luchar por las medallas y soñar con una nueva página dorada para el hockey español. El próximo reto llegará el viernes 28 de agosto en el Wagener Hockey Stadium de Amstelveen, donde España buscará dar un paso más hacia la final.
Las palabras pronunciadas por Max Caldas antes del inicio del campeonato han terminado convirtiéndose en una realidad. El seleccionador aseguró entonces que este equipo haría sentir orgulloso a todo un país. Después de lo visto ante Bélgica, pocos pueden discutirlo.
Globalon Insight

La clasificación no solo supone un resultado histórico para los RedSticks, sino también una confirmación del crecimiento sostenido del hockey español durante los últimos años. España ha demostrado en esta Copa del Mundo que puede competir de tú a tú con las principales potencias internacionales y hacerlo además en escenarios de máxima presión. Alcanzar unas semifinales veinte años después devuelve a la selección a la élite mundial y abre una oportunidad única para aspirar a una medalla que reforzaría el excelente momento que vive el hockey español.




