
La Nucía ya está de vuelta. Dos temporadas después de su caída, el conjunto rojillo ha recuperado la Segunda RFEF tras imponerse por 1-0 al Trival Valderas en el partido de vuelta del playoff, cerrando una eliminatoria que había arrancado sin goles en Madrid y que se decidió en una noche de tensión, resistencia y explosión final en el Olímpic Camilo Cano.
El resultado no solo devuelve al equipo al cuarto escalón del fútbol nacional, sino que simboliza mucho más: el cierre de una etapa marcada por los golpes deportivos y la reconstrucción, y el inicio de un nuevo ciclo con la afición como protagonista absoluta.

El escenario no pudo acompañar mejor. Lleno hasta la bandera, calor en el ambiente y una grada que empujó desde antes del pitido inicial. La Nucía entendió pronto lo que había en juego y salió con decisión, moviendo el balón con criterio y generando las primeras llegadas. Zarzoso avisó con un disparo alto y el equipo dejó claro que quería llevar el partido a su terreno.
Pero el ascenso no iba a ser sencillo. El Trival Valderas creció con el paso de los minutos y encontró su gran oportunidad en la primera mitad, cuando Iker se topó con el poste en una acción que heló a la grada local. A partir de ahí, el encuentro entró en un tramo más igualado, con los visitantes ganando presencia y La Nucía buscando de nuevo el área con insistencia. Incluso llegó a marcar, pero el tanto fue invalidado en una jugada rodeada de dudas.
El partido necesitaba una chispa. Y llegó tras el descanso.

La Nucía salió con un punto más de determinación y comenzó a acumular llegadas. Primero avisó Salinas tras una buena acción por banda, pero el premio se resistía. Hasta que apareció Mazzocchi.
El argentino firmó el momento decisivo de la temporada. En el minuto 63, tras una acción por el costado izquierdo, recibió en el área, giró con rapidez y soltó un disparo potente que, tras tocar en un defensor y en el larguero, acabó dentro de la portería. El 1-0 hizo estallar el Camilo Cano y cambió definitivamente el partido.
Con el marcador en contra, el Trival se volcó al ataque en busca del empate. Arriesgó posiciones, generó alguna aproximación peligrosa —como un disparo de David Ruiz que se marchó cruzado— y trató de apretar hasta el último instante. Pero La Nucía supo interpretar a la perfección los minutos finales.
El equipo de Vicente Mir gestionó el tiempo con oficio, se defendió con orden y, cuando pudo, volvió a pisar área rival para afianzar su dominio en el tramo decisivo. No hubo concesiones. No hubo dudas.

El pitido final fue liberador. Jugadores, cuerpo técnico y afición se fundieron en una celebración que tenía sabor a justicia deportiva. Porque este ascenso supone mucho más que un éxito puntual.
Hace apenas dos años, el club encadenaba descensos que ponían en cuestión incluso su estabilidad. Hoy, tras una reconstrucción paciente, vuelve a colocarse en el mapa competitivo del fútbol nacional.
El gol de Mazzocchi quedará como la imagen del ascenso. Pero el verdadero triunfo está en el camino recorrido. En haber sabido levantarse. En haber reconstruido desde abajo.
Y en haber vuelto.
Globalon Insight
El ascenso de La Nucía es uno de los ejemplos más claros recientes de resiliencia en el fútbol semiprofesional. No se trata solo de subir de categoría, sino de revertir una dinámica negativa que había llevado al club a una situación delicada. La clave ha estado en la estabilidad del proyecto, la gestión emocional en momentos límite y la capacidad para competir en eliminatorias cerradas. Este regreso a Segunda RFEF no es un techo, es una oportunidad: si el club mantiene la línea de trabajo, puede aspirar a consolidarse de nuevo en la categoría e incluso mirar más arriba en el medio plazo.




