
¡Qué barbaridad! Después del día de descanso, la décima etapa del Giro de Italia 2026 nos ha recordado de qué va esto: 42 kilómetros contra el reloj, llanos como una mesa, pegados al mar Tirreno, con rectas que invitaban a volar. Y allí, sin piedad, apareció Filippo Ganna. El italiano de Ineos rodó a otro nivel, con un tiempo de 45:53 a una media de casi 55 por hora. Pasaba a la gente como si estuvieran parados. Ganna Airways, puro tren de mercancías. Nadie le olió el slipstream.
Fue una exhibición. Su compañero, Thymen Arensman, le acompañó en el podio a casi dos minutos, y Rémi Cavagna completó el cajón. El resto, a remar. El de Verbania demostró una vez más que cuando la carretera es plana y larga, sigue siendo el amo de las contrarrelojes. Impresiona siempre.
Pero claro, la etapa valía oro por lo que movía en la general. Afonso Eulálio salió con la maglia rosa y con 2:24 de colchón sobre Jonas Vingegaard. Sabía que no era su terreno. Sufrió, cómo no. Se le vio pedalear con el alma, apretando los dientes en esas rectas interminables. Perdió 1:57 con el danés, pero cruzó la meta defendiendo lo justo. Ahora la diferencia es de solo 27 segundos. La rosa sigue en sus hombros, pero tiembla.
Vingegaard no fue el de otros días contra el reloj. Terminó a tres minutos de Ganna, pero cumplió lo suyo: recortó tiempo y dejó claro que no se rinde. El danés acecha. Sabe que las montañas de la tercera semana le vienen como anillo al dedo. Eulálio, por su parte, demostró coraje. No es un especialista, pero no se derrumbó. Sobrevivió. Y eso, en el Giro, ya es una victoria.
Hubo imágenes que se quedan. El rugido de la gente en Massa cuando Ganna levantó los brazos. Esas bicicletas cortando el viento junto al mar. El esfuerzo solitario, ese dolor callado de cada uno contra el asfalto y contra sí mismo. Esto es ciclismo de verdad, sin máscaras.
Al final del día, uno se queda con esa mezcla tan nuestra admiración por el que voló hoy y un suspense que no deja respirar. La general está en un pañuelo. Vingegaard huele la sangre. Eulálio resiste con uñas y dientes. Y las etapas que vienen van a ser de fuego.
Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página y en mis crónicas personales. La carretera no descansa, y nosotros tampoco.




