Ciclismo

::Ciclismo – El tirano Pogacar devora Leysin ante la rebelión de Lipowitz y la casta inmensa de Castrillo

 

Qué barbaridad, señores. Me pongo en pie ante lo que acaban de presenciar mis viejos ojos en las carreteras suizas. Se nos agotan los adjetivos para describir a este auténtico monstruo de la bicicleta. La quinta y última etapa del Tour de Romandía, con sus 182 kilómetros desde Lucens hasta Leysin, prometía emociones fuertes y cumplió con creces. El asfalto helvético no perdona un solo desfallecimiento.

Durante toda la semana, el ambiente ciclista echaba humo. Las dudas sobre el estado de forma real del genio esloveno flotaban en el aire. Los puristas desconfiaban tras aquel prólogo donde Godon le robó la cartera. Pero este chico está hecho de otra pasta, una masa sideral.

La etapa de hoy fue un hervidero de pasión ciclista. Una escapada de ocho hombres valientes, con rodadores como Tratnik, obligó al pelotón a rodar con el gancho al cuello por los valles. El equipo UAE tomó el mando absoluto, marcando un ritmo asfixiante que limaba el alma y las piernas sin compasión. Preparaban el terreno con precisión milimétrica para su líder intocable.

Llegamos a la hora de la verdad en las faldas de Leysin, con sus 14 kilómetros de agonía pura al seis por ciento de desnivel. De pronto, saltó la chispa con un ataque loquísimo del neozelandés Fisher Black a 12 kilómetros de la meta, abriendo un hueco de 35 segundos. Un órdago táctico monumental que obligó a los favoritos a vaciarse en una persecución implacable hasta darle caza a solo 6 kilómetros de la cima.

Ahí emergió la figura imponente de Florian Lipowitz. A falta de 3 kilómetros para la gloria, lanzó un ataque tremendo que levantó al aficionado de su asiento. El corredor del Red Bull arrancó con una rabia y un descaro superlativo que nos enamoró a todos los que amamos este deporte. Madre mía, qué valentía para desafiar al campeón del mundo.

Pero el rey indiscutible de este deporte no hace prisioneros ni entiende de piedad. Pogacar se soldó a su rueda sin inmutarse, absorbiendo el impacto con una facilidad insultante. Parecía que paseaba tranquilamente por el parque. En el último aliento, llegaron a mirarse y frenarse un instante, permitiendo que un colosal Roglic enlazara por detrás, tirando de pura épica.

Lipowitz arrancó de lejos, vaciándose hasta la última gota de sudor. Fue inútil. Con una facilidad que asusta, Tadej le pasó por encima como un avión para reinar en la general absoluta. Se ha llevado cuatro de las cinco etapas disputadas, una proeza brutal que no se veía en esta ronda desde Ferdi Kübler en 1951.

No me quiero olvidar de la inmensa alegría que nos ha dado hoy el ciclismo español. Pablo Castrillo ha sacado a relucir una casta que pone los pelos de punta. Entró tercero en esta jornada reina, demostrando que hay muchísimo futuro en sus piernas. Un carrerón memorable del chico de Movistar, impulsado por un Nairo Quintana estelar, un veterano que se vació trabajando como un jabato en la montaña. Qué grandeza destila el colombiano ayudando así a las nuevas generaciones.

Mientras tanto, el mundo del pedal mira ilusionado al futuro inmediato. La afición se pregunta si el jovencísimo Paul Seixas, de apenas 19 años, con una agresividad tremenda y sin esconderse ante nadie, será el único ciclista capaz de mirar a los ojos a Pogacar en el próximo Tour. Ojo también al joven Isaac del Toro, esa perla mexicana que enamora en el UAE, aunque nos tenga el corazón encogido por la rotura muscular sufrida en Itzulia, que pone en duda su papel de escudero en la ronda gala. Y por supuesto, no podemos olvidarnos del titán Jonas Vingegaard, que ya afila los cuchillos para estrenarse en un Giro de Italia donde partirá como absoluto favorito ante la ausencia del astro esloveno. Pero hoy, amigos míos, el presente absoluto del ciclismo tiene un solo nombre y un apellido escrito con letras de oro puro.

Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página y en mis crónicas personales.

La carretera no descansa, y nosotros tampoco, porque nos vemos la semana que viene en la primera gran vuelta de la temporada, el Giro de Italia.

 

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