
Corría el mes de diciembre. A las puertas de la Navidad, en esa comida del club donde siempre se sirve algo más que el menú, se volvió a hablar de futuro.
De refuerzos. De tres o cuatro fichajes. De dar un paso adelante.
Días después, el técnico se mostraba satisfecho. Contento con lo que venía.
Había mimbres. Había ilusión. Había discurso.
Han pasado unos meses. Y hoy, el debate ya no es subir.
Es no caer.
En Sabadell, el Hércules ni siquiera disparó a puerta. Ni una. Un dato que no es una estadística: es un diagnóstico.
El rival, hizo un partido discreto. Jugó sin despeinarse. Hizo lo justo. Lo suficiente. Porque enfrente no hubo amenaza. Ni urgencia. Ni reacción.
Y así, poco a poco, sin ruido, sin estridencias, el Sabadell compite por ser el campeón del grupo y el Hércules por eludir el descenso.
Beto Company fue claro en rueda de prensa:
“No voy a intentar vender nada mirando hacia arriba”. Y tiene razón.
Porque a estas alturas ya no se trata de vender. Se trata de asumir.
Asumir que los de arriba ganan… y el Hércules no. Que las opciones de play-off no se han escapado en un día… sino en semanas y meses. Asumir que no hay excusas, ni siquiera con ocho bajas. Asumir, en definitiva, que esto no da para más.
Hace unos meses soñábamos con el ascenso. Hoy repetimos la palabra permanencia como si fuera un mantra.
Hace unos meses el mensaje era ambición. Hoy solo queda resignación.
Hace unos meses se prometía dar un paso adelante. Hoy nos conformamos con no darlo hacia atrás.
Beto dice que es el más autoexigente de la provincia.
Y no le falta intención. Lo malo es que el fútbol no entiende de intenciones, solo entiende de resultados. Y de sensaciones. Y ahora mismo, ni unos ni otras acompañan.
Y así, casi sin darnos cuenta, hemos pasado de querer competir por el ascenso… a buscar la permanencia como si fuera un logro. Con más de un mes aún por delante.
Y lo peor no es eso. Lo peor es que ya ni duele como antes.




