
Hay derrotas que duelen y otras que cansan. La de Sevilla, frente al Betis, pertenece a las segundas. Suele pasar. Cuando no se aprovecha el tiempo, al final se llega tarde.
En Sevilla volvió a ocurrir. El Hércules entendió lo que estaba pasando cuando el partido ya iba por delante. Y cuando quiso reaccionar, ya tenía dueño.
No es una cuestión puntual. Es un patrón. Como si noventa minutos fueran excesivos para competirlos al cien por cien.
Y entonces surge la duda: ¿esa limitación es física… o de mentalidad?
Hay una cosa clara: los equipos que pelean por el ascenso no llegan ahí jugando a ratos.
Ahí se llega compitiendo del primer minuto al último. Y un Hércules que llega a destiempo a los duelos, a las ayudas y al partido… no es fiable.
En medio de todo eso, se notan demasiado las ausencias. Son muchas, sí, pero hay una especialmente evidente: Mehdi Puch. Sin él, el equipo pierde ese punto de claridad que ordena el caos. Dicho de otra manera: sin Puch, no hay punch.
Y hay otra realidad: sin Toril no llega el gol. Entonces la pregunta es inevitable: ¿por qué regalar medio tiempo sin el jugador que ve puerta con más claridad?
El Betis Deportivo, por otra parte, no era ningún hueso. Cinco victorias en catorce partidos en casa era su bagaje… hasta que llegó el Hércules y le concedió la sexta.
Una cifra que deja claro que puntuar allí no es precisamente una heroicidad.
Beto Company sigue pensando que queda mucho. Al menos eso dijo al final del partido. Puede ser.
Pero el problema no es lo que queda… es cómo se utiliza.
Ayer volvió a pasar. Cuando Toril salió, marcó. Había tiempo… pero el equipo empezó cuando ya iba por detrás. Cuando el Betis golpeó, también había margen para reaccionar… pero el Hércules lo hizo tarde. La defensa tuvo tiempo para evitar los goles… pero llegó a destiempo.
Como en otras ocasiones, el equipo empieza a ser competitivo cuando el reloj ya corre en su contra. No es algo nuevo.
Porque tiempo hubo también para mirar el equipo, detectar lo que faltaba y corregirlo en invierno. Pero también ahí se fue a remolque.
Mientras tanto, los puntos se van escapando… uno a uno…y queda la sensación de que el tren del playoff se pierde, una vez más, por no saber aprovechar el tiempo ni las oportunidades.
Recuerdo aquella vieja canción de Serrat, Penélope. Aquella mujer a la que se le paró el reloj una tarde de primavera… y, después de ver tantos trenes pasar de largo, cansada de esperar y desesperar, se le acabó marchitando el huerto.
Ojalá aquí el césped aguante un poco más.
Porque la espera ya es larga… los trenes pasan y a más de uno ya se le está marchitando algo más que el huerto.




