

El Pabellón Garganes de Altea fue el escenario de un encuentro que deja dos realidades bien distintas. Por un lado, el Servigroup Benidorm ejecutó un partido redondo, eficaz y sostenido desde el minuto 12 hasta el final. Por otro, el Trops Málaga salió de un tramo crítico sin poder agarrarse a nada que frenara la caída. El 36‑23 final resume un duelo que fue de más a menos para los malagueños y de menos a muchísimo más para los alicantinos.

El inicio insinuó un guion ajustado, con defensas superiores a los ataques y un intercambio de acciones liderado por los pivotes. Javi García abrió el marcador para el Trops, Zhukov respondió, y ese ida y vuelta marcó la primera fase del encuentro. El Benidorm no terminaba de soltarse y el Málaga encontraba espacios que le permitían mantener el pulso. Pero fue una igualdad engañosa: en cuanto los locales ajustaron líneas, el partido cambió de dimensión.
El punto de inflexión llegó en el 10‑8, un margen corto que escondía algo mucho más profundo: el Benidorm ya había encontrado velocidad, precisión y un ritmo de circulación que empezó a desnudar las carencias defensivas del Trops. La figura de Juan Carlos Sempere emergió como un martillo constante, firmando cinco goles en un abrir y cerrar de ojos. Cada recuperación local se convertía en un ataque limpio; cada pérdida visitante, en un castigo inmediato.
El parcial de 7‑0 que llevó el marcador al 17‑8 no fue un accidente, sino un reflejo del desconcierto visitante. Curro Lucena trató de parar el derrumbe desde el banquillo, primero con un tiempo muerto y después con otro, pero el Benidorm había entrado en una fase de absoluta claridad. Carlos Fernández y Uros ampliaron la renta y el 20‑9 del descanso era ya una losa muy difícil de levantar para un Trops que, hasta ese momento, apenas había podido sostenerse gracias al acierto de Javi García.
La segunda parte confirmó que la historia no iba a cambiar. Los dos goles iniciales de los alicantinos tras el descanso llevaron el encuentro a un 22‑9 que cerró cualquier puerta abierta a la remontada. Es cierto que el Trops encontró un instante de orgullo con un parcial de 0‑3 firmado por Jacob, Agudo y García. Pero la reacción se quedó ahí, sin continuidad, sin amenaza real y sin capacidad para modificar el ritmo emocional del partido.
Benidorm, en cambio, administró el tramo final con inteligencia. No necesitó forzar. Controló tiempos, seleccionó ataques y supo cuándo acelerar y cuándo enfriar. En una semana intensa para el equipo, ese control del desgaste tuvo un valor añadido. La ventaja nunca bajó de los diez tantos y se estiró hasta un 36‑23 que no deja espacio para interpretaciones ambiguas.
Para los locales, el triunfo tiene varios significados. Deportivo, porque refuerza la idea de que el equipo ha interiorizado los conceptos de Alejandro Cutanda, mostrando orden, contundencia y una versión ofensiva coral. Estratégico, porque rompe la sensación de inferioridad que había dejado el doble tropiezo ante el Trops en liga y Copa. Y emocional, porque supone la primera victoria clara en la nueva etapa del técnico tras un empate y una derrota que no reflejaban el trabajo del grupo.
Para el Trops Málaga, el escenario es más delicado. Seis derrotas consecutivas, puestos de descenso directo y una distancia creciente respecto al playoff de permanencia pintan un panorama exigente. La temporada aún es salvable —quedan doce jornadas— pero la urgencia ya no se puede maquillar.
El próximo partido, en Los Olivos ante un OAR Coruña ambicioso, será mucho más que un encuentro: será un test emocional para medir si el equipo es capaz de transformar las sensaciones en resultados. La División de Honor Plata no perdona, y cada semana que pasa sin sumar complica la ecuación.
En Altea no hubo debate: ganó el equipo que supo interpretar el partido, que detectó el momento exacto para morder y que manejó la ventaja como un grupo con oficio. El Benidorm confirmó que su techo está lejos de lo que insinuaba la clasificación. El Málaga, en cambio, deberá encontrar respuestas pronto. Muy pronto.
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Globalon Insight
El Servigroup Benidorm necesitaba un partido que validara la mano de Cutanda, y lo encontró: defensa sólida, circulación inteligente, pegada coral y una identidad que empieza a afianzarse. Este 36‑23 no es un marcador más, es una declaración de intenciones en una liga donde las dinámicas pesan. El Trops, por su parte, tiene talento y fases competitivas, pero sufre demasiado cuando pierde el control del ritmo y se diluye en ataques precipitados. Su margen de reacción existe, pero cada jornada que pasa multiplica la urgencia. El duelo de Los Olivos ante OAR Coruña será, probablemente, el partido que marque si la recuperación llega a tiempo o no.




