
Hoy, en la sierra granadina, Mikel Landa se sacudió el polvo de demasiadas temporadas grises y volvió a ser ese escalador que enamoraba a media España. Once años después de su última victoria en la Vuelta, el vasco de Soudal Quick-Step cruzó solo la meta del Collado del Alguacil, un puerto inédito y salvaje que se estrenaba en el profesionalismo. Casi un minuto de ventaja sobre Tobias Halland Johannessen, con Ramses Debruyne cerrando el podio. El landismo, ese que nunca del todo se fue, volvió a gritar.
La etapa reina, de 187 kilómetros y casi cinco mil metros de desnivel, salió de La Calahorra con ganas de hacer daño. Doble paso por El Purche, el Puerto del Duque estrenado por desprendimientos y un final a casi el diez por ciento de media. La fuga se formó grande, se fue seleccionando y al final quedó un trío que peleó como leones. Landa esperó su momento en las rampas más duras, soltó a los compañeros y se fue. Sin mirar atrás. Como quien se quita un peso de encima.
Mientras tanto, detrás, Enric Mas no necesitó lucirse. El mallorquín de Movistar controló con mano firme a Primoz Roglic y a Felix Gall. Hubo escarceos de Carapaz, algún amago de Gall cerca de meta, pero el líder respondió con serenidad. Llegó con los principales rivales y amplió, si cabe, la sensación de que esta Vuelta ya es suya. Un minuto y treinta y siete segundos de colchón se convirtieron en certeza. Mañana, en Granada, solo tendrá que no caerse.
Lo bonito de hoy no fue solo el resultado. Fue ver a un ciclista veterano recuperar la sonrisa en la subida más exigente de la carrera. Fue sentir que la montaña granadina, dura y sin concesiones, aún guarda recompensas para los que se empeñan. Landa no pelea la general, pero se llevó el día más grande. Y eso, en el ciclismo, vale oro.
La carretera sigue. Mañana la última etapa por las calles de Granada. El maillot rojo parece sentenciado, pero en esta Vuelta ya hemos visto de todo. Nosotros seguiremos contándolo, día a día, con la misma pasión.
Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página y en mis crónicas personales. La carretera no descansa, y nosotros tampoco.




