Ciclismo

::Ciclismo – Lieja consagra al rey y presenta al heredero

Pogačar firma su cuarta Decana y Paul Seixas se doctoriza en una batalla para la historia

¡Pónganse en pie, señoras y señores! Dejen lo que estén haciendo porque lo vivido hoy en las Ardenas es para guardarlo en el cofre de las leyendas. Se cierra el telón de las clásicas de primavera con un estruendo que resuena en las calles de Lieja, testigo de una batalla épica. Bajo un cielo plomizo, Tadej Pogačar ha demostrado una vez más su dominio, conquistando su cuarta corona en la “Decana”, la tercera consecutiva, tras una exhibición de fuerza y sentimiento que nos dejó el corazón en un puño.

Desde el kilómetro cero, la carrera fue una barbaridad. Nadie quiso esperar y el guion saltó por los aires con una caída que presagiaba el caos. Remco Evenepoel, el “aerodinámico de Schepdaal”, lideró una fuga masiva de 50 hombres que puso en jaque al pelotón. El UAE tuvo que vaciarse para neutralizar un órdago que llegó a tener cuatro minutos de ventaja. A 82 kilómetros de meta, el gran grupo se reagrupó, pero las piernas ya estaban castigadas por un ritmo vertiginoso que no bajaba de los 44,4 km/h.

El ciclismo es un deporte de jerarquías, y en el “Reducto”, con sus rampas del 16%, apareció el arcoíris. Pogačar lanzó un ataque eléctrico, pero ¡sorpresa! De entre la polvareda surgió Paul Seixas, un joven francés de 19 años que decidió convertirse en gigante. Seixas no se escondió, dándole relevos al mejor del mundo, pegado a su rueda en un mano a mano que ya es historia viva de esta carrera. Seixas no pidió permiso; derribó la puerta de los Monumentos con una insolencia que nos hace soñar con el futuro.

La Roche-aux-Faucons dictó la sentencia definitiva a 13 kilogramos de la meta. Pogačar impuso un ritmo demoledor que quebró la resistencia de un sensacional Seixas, que se doctoró con una plata que vale oro. Tadej se lanzó en solitario hacia la meta, dedicando su triunfo a Cristian Camilo Muñoz, su joven compañero colombiano fallecido hace una semana. Un acto de grandeza en el momento de su gloria.

Por detrás, el orgullo de los campeones nos regaló un sprint de muchos kilates por el podio. Remco Evenepoel, valiente hasta el final, logró la tercera plaza frente a un Egan Bernal que vuelve a recordarnos al corredor que nos enamoró. Y qué decir de nuestro Pello Bilbao, que en su último año de profesional nos regaló una lección de clase terminando sexto entre los mejores del mundo. Se nos va un ciclista como la copa de un pino, de los que siempre dan la cara.

Las Ardenas descansan, pero el eco de este duelo entre el rey Pogačar y el príncipe Seixas tardará mucho tiempo en apagarse.

Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página y en mis crónicas personales.

La carretera no descansa, y nosotros tampoco.

 

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