
La vida tiene un modo curioso de cerrar sus propias heridas. A veces lo hace en silencio, y a veces lo hace devolviéndote al mismo lugar donde te rompiste, como si quisiera comprobar si has aprendido algo desde entonces. A José Manuel Pérez, el atleta del Trops-Cueva de Nerja al que se conoce como @xinogrino, le tocó volver a Cieza, justo allí donde tres años antes vio su rodilla estallar con una rotura de menisco que amenazó con convertir su carrera deportiva en un recuerdo prematuro.
Aquel día quedó archivado como un golpe seco, un derrumbe íntimo del que apenas supieron unos pocos. La rehabilitación tampoco tuvo cámaras. Solo ejercicios mecánicos, dolor acumulado, horas de inestabilidad, fortalecimientos interminables y la eterna pregunta: ¿podré volver a hacerlo?
El menisco no habla, pero el miedo sí.
Sin embargo, algo fue creciendo en silencio. No una prisa, sino un propósito. No un regreso, sino un compromiso con la idea de volver a sentirse atleta. Y sobre ese hilo fino se tejió todo lo que vino después: el entrenamiento milimétrico, la técnica depurada, el control emocional, la madurez competitiva.
Por eso lo que ocurrió este domingo no fue una victoria cualquiera. Fue una respuesta.
Cieza amaneció fresca, con esa mezcla de humedad y claridad que acompaña a los días históricos sin anunciarse. Las 42 vueltas al circuito eran una amenaza para cualquiera… salvo para alguien que ya conocía el dolor de verdad. Pérez arrancó entre la multitud, se mantuvo firme en el grupo, y empezó a crecer cuando la carrera pedía valor. Supo sufrir cuando tocaba, supo esperar cuando era prudente y supo atacar cuando el cuerpo —ese mismo cuerpo que un día se quebró aquí— dijo que era el momento.
El arreón final no fue un gesto técnico: fue una declaración emocional.
Y cuando cruzó la meta, no solo cruzó una línea. Cruzó un ciclo.
3:11:01. Primer campeón de España de maratón de marcha de la historia.
En Cieza.
Y con el menisco del recuerdo convertido, por fin, en pasado.
A su espalda entró el héroe local, Manuel Bermúdez, subcampeón en una carrera de valentía y resistencia que sostuvo al público murciano en vilo en los tramos decisivos.
El bronce se lo llevó Javier de Arriba, completando un podio que hizo justicia al esfuerzo de todos los que se dejaron el alma en un circuito exigente y técnico.
Pero el día no hablaba solo en masculino.
Porque mientras Pérez completaba su resurrección deportiva, Laura Monje escribía su propio capítulo perfecto en la prueba femenina. Lo hizo con elegancia, inteligencia y una solidez competitiva impropia de su juventud. Esperó cuando debía esperar, remontó cuando la carrera lo exigió y, cuando el abanico de oportunidades se abrió, avanzó como quien conoce su destino. 3:45:30, primer título absoluto, primera campeona de España de maratón marcha y un mensaje claro: el futuro tiene nombre propio.
Monje no ganó: se reveló.
Y Cieza se rindió a ella con la misma admiración con la que celebró el regreso de @xinogrino.
Este campeonato no fue solo el estreno de una nueva distancia. Fue el inicio de un relato.
El de dos deportistas que decidieron escribir su nombre en un terreno que no admite improvisación: la maratón de marcha, la disciplina donde cada paso cuenta y cada duda pesa.
GLOBALON INSIGHT
La victoria de @xinogrino no se mide en minutos ni en parciales. Se mide en cicatrices. En esas historias que no salen en los resultados oficiales, pero que sostienen el alma del deporte. Su triunfo, nacido en la ciudad donde un día se derrumbó, habla de la profundidad humana del alto rendimiento: de la fragilidad, del trabajo silencioso y de la valentía de volver a intentarlo donde fallaste.
La irrupción de Laura Monje, por su parte, simboliza el nuevo aire de la marcha española: talento joven, lectura de carrera brillante y una madurez que desmiente cualquier duda. Su título no solo inaugura un palmarés; inaugura una expectativa.
Entre ambos conforman algo más que un doble campeonato: representan el puente entre lo que la marcha ha sido y lo que está dispuesta a ser. Una disciplina que se reinventa, que evoluciona y que, en días como este, demuestra que el corazón del atletismo late más fuerte cuando las historias personales encuentran su momento exacto para florecer.




