
Alfred Hitchcock convirtió el suspense en una obra de arte. El Hércules parece que ha decidido aplicarlo al fútbol: tensión constante, finales agónicos y resoluciones en el último minuto, cuando el aficionado ya se ha tomado dos tilas. A mí el suspense me gusta, pero en el cine. En el fútbol, lo llevo peor.
Me vienen a la cabeza el 2-1 al Torremolinos en el minuto 94, el punto rescatado en Antequera en el 101 o el empate en Murcia a dos minutos del final… Y este domingo, cuando ya parecía todo perdido, llegó otro empate, de penalti y en el descuento.
Puntos salvados sobre la bocina, que a veces suenan heroicos —y algunos lo son—, hasta que miras la clasificación y entiendes que, sin esos parches de última hora, hoy estaríamos hablando de un equipo en descenso, porque solo dos puntos separan al Hércules del pozo.
El partido en Tarazona tenía que ser otra cosa, sobre todo después del resbalón del día del Sevilla Atlético, pero dio para lo justo. Más bien para lo mínimo. O para nada, según el estado de ánimo de cada cual. Más allá del latigazo imposible de Mehdi Puch, un derechazo seco y venenoso, que abrió la trayectoria hacia afuera para girar después hacia portería dibujando una parábola antológica, como aquellos míticos disparos de Roberto Carlos en los que el balón parecía desobedecer la física antes de besar la red. Y poco más hubo. Pero con eso solo no se ganan partidos. Se sobrevive.

Puch es, hoy por hoy, el gran acierto del mercado. Andy Escudero dejó detalles interesantes. Calavera prácticamente sigue en fase de presentación. Pero el diagnóstico no cambia: falta gol, falta un delantero que marque diferencias, falta un 9 que asuste a las defensas rivales. El mercado se acaba, la urgencia crece y la prioridad sigue sin resolverse.
Y cuando el equipo necesita goles, victorias e infraestructuras, el club vuelve al modo escaparate. Ahora llega el anuncio de la nueva Área Internacional, con promesas de proyección global, alianzas estratégicas y expansión exterior.
Todo muy moderno, muy ambicioso, muy cosmopolita. El problema es que cuesta vender un proyecto internacional cuando en lo local todo cuesta más de lo normal: fichajes, estado del Rico Pérez e infraestructuras que solo viven en titulares. Quizá antes de conquistar el mundo convendría arreglar la casa.
Ahora llega el Cartagena. Y esta vez no valen los cuentos, ni los empates heroicos, ni los milagros tardíos. El viernes solo vale ganar.
Porque si no se gana, habrá que empezar a mirar al descenso. Y eso ya no sería un cuento de suspense… sería una auténtica película de terror.
El descuento puede maquillar un partido, pero las temporadas se tienen que construir mucho antes del minuto noventa.
Lo demás son cuentos.




