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:Opinión – El Hércules resembró el césped… y los bostezos

El césped se resiembra… pero el fútbol sigue sin brotar.

Me disponía a escribir el artículo de esta semana, que en teoría debía ir sobre el partido del Hércules contra el Europa. Pero, créanme, hacer un texto sobre un encuentro en el que no hay nada que contar y que, después de noventa minutos, se resume en dos tiros a puerta (uno de ellos el gol), es un ejercicio de ingeniería narrativa que sinceramente me viene grande.

Así que no me queda otra: hablaré de otras cosas.

Vaya por delante que el Hércules ganó, y eso ya es noticia y motivo de alegría. Sobre todo porque esos tres puntos, sumados al milagro de Antequera, suponen cuatro de los últimos seis. Pero, siendo sinceros, lo normal es que, sin la providencia divina, esos puntos podrían haberse quedado en uno… o en ninguno.

Hay semanas en las que uno siente que el Hércules vive instalado en un “Día de la Marmota” permanente. Se promete, se ilusiona, se anuncia… y luego la realidad aparece como un puntero láser señalando las carencias de siempre.

Leo en Diario Información que aquella noticia de agosto, cuando el club comunicó su “máxima colaboración” con el IVF para acometer obras urgentes en el Rico Pérez antes del inicio de la temporada, se ha quedado en eso: en una “máxima” patada hacia adelante. De esas que se dan cuando no se sabe qué hacer con la pelota.

El discurso del verano fue maravilloso: “Este año sí”, “El objetivo es el ascenso”, “Vamos a ser un equipo reconocible”…

Pero la realidad del arranque ha sido otra: bostezos, fútbol lento, excusas.

Torrecilla explicó el ritmo cansino por la resiembra del campo. En la rueda de prensa, volvió a regar el césped del discurso:

Hay más arena de lo habitual y eso hace que el balón vaya lento”.
Una frase digna de documental de La 2 sobre botánica aplicada al fútbol.

Pero la prueba de que eso es una excusa barata está en la jugada del gol: el balón rodó a la perfección, aprovechando el desmarque, la velocidad y la decisión de los jugadores. Ni rastro de arena, ni de frenos, ni de argumentos de jardinería.

La única resiembra que pareció aflorar el domingo fue la de los bostezos, sobre todo en la primera mitad. Y en un campeonato tan igualado, esos minutos regalados se pagan caros. La clasificación lo dice todo: a solo dos puntos del descenso y tres del play-off.
Un equilibrio que debería inspirar ambición, no conformismo.
¿Se han preguntado en qué posición estaría el Hércules si hubiera sumado algo más lejos de casa?

El hecho de que no haya ningún equipo que marque diferencias debería motivar a quienes aspiran al ascenso para aprovechar la igualdad. Pero aquí parece que se conforman con ver el vaso medio lleno por estar a tres puntos del play-off, olvidando que también están a dos del descenso.

Ya está bien de excusas. Si de verdad este equipo está confeccionado para ascender, como se dijo al principio de temporada, en el próximo partido en Elda no vale otra cosa que salir a ganar, sin regalar primeros tiempos ni bostezos.

La actitud tiene que ser otra. Luego el resultado podrá ser mejor o peor, porque el rival también juega, pero la mentalidad de un equipo que aspira a ascender tiene que ser diferente.

Y mientras tanto, los aficionados seguirán esperando a que alguien, por fin, cambie la semilla. Porque lo que más pesa no es la arena ni el césped: Son ya demasiados años lejos del fútbol profesional, en un estadio que no cuida nadie, y demasiadas promesas incumplidas que nunca germinan.

Mientras el césped se resiembra, el fútbol no florece. Mientras la Generalitat, el Ayuntamiento y el club se señalan, el estadio se marchita. Mientras se habla de ascenso, el Hércules sigue jugando como si el empate fuera un premio.

Y al final, uno mira al Rico Pérez y entiende que quizá no sea solo un estadio camino de la ruina, es un espejo del club. Grande por historia, pequeño por cómo lo están gestionando.

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