
La plaza de los Luceros vivió este lunes una de esas mascletàs que no pasan desapercibidas. Pirotecnia del Bierzo, conocida como Pibierzo, debutó en el 37º concurso alicantino con una propuesta que apostó por el mestizaje: esencia del norte combinada con la estructura clásica que el público de Hogueras reconoce como propia. Un estreno con personalidad que despertó curiosidad desde el primer disparo y que terminó consolidándose en una secuencia equilibrada, potente y sin concesiones.
El disparo, que contó con la presencia del alicantino Funzo como pregonero de las Hogueras 2026, se prolongó durante 5 minutos y 41 segundos. En ese tiempo, la empresa quemó 137 kilos de material pirotécnico con un techo sonoro que alcanzó los 126,8 decibelios. Más allá de las cifras, el verdadero interés estuvo en cómo se construyó el espectáculo.

La mascletà arrancó con una fase aérea que planteó ritmo desde el principio, jugando con repeticiones de trueno en escala y una construcción progresiva que fue ganando intensidad casi sin pausa. Los efectos sonoros —silbatos, roncadoras y torbellinos— aportaron dinamismo, mientras las serpentinas con trueno ayudaron a crear esa sensación envolvente tan buscada en la plaza.
Esa primera parte no fue un simple calentamiento. Pibierzo quiso dejar claras sus intenciones desde el arranque: ofrecer una mascletà con carácter propio, sin renunciar a los códigos que exige Alicante. Las apoteosis intermedias, con diferentes combinaciones de trueno y efectos, dieron continuidad a un inicio pensado para enganchar.

Donde la propuesta terminó de definirse fue en el cuerpo terrestre. Ahí apareció el guiño más evidente a la tradición local: cinco retenciones sólidas, bien estructuradas, acompañadas de refuerzos aéreos que sostuvieron la tensión hasta desembocar en el tramo decisivo. El doble terremoto, terrestre y aéreo, actuó como puente entre estilos, uniendo la contundencia norteña con la lectura más clásica que pide Luceros.
El cierre fue seco, mecanizado y directo, con una descarga final de truenos que selló un disparo firme, sin ornamentaciones innecesarias. Un final que buscó más la contundencia que el espectáculo visual, fiel a la filosofía de quienes entienden la mascletà como ritmo, progresión y golpe.

Además de su participación en el concurso, Pibierzo tiene aún peso en el programa festero de este año. La firma será la encargada de disparar la esperada Palmera de la noche de San Juan y el castillo del 26 de junio en la playa del Postiguet, dos citas que pondrán a prueba su capacidad de adaptación en escenarios muy distintos.
El responsable de la pirotecnia, Pedro Alonso, lo resumía tras el disparo con una idea clara: una mascletà con ADN del norte, pero sin perder el respeto por la arquitectura sonora alicantina. Esa dualidad fue precisamente el hilo conductor de un espectáculo que no buscó agradar a todos, sino defender una identidad propia en una de las plazas más exigentes del calendario.
Globalon Insight

El estreno de Pibierzo confirma una tendencia cada vez más visible en el concurso de Luceros: la apertura a estilos que rompen con la ortodoxia sin traicionar su esencia. Alicante sigue siendo territorio de tradición, pero valora cada vez más las propuestas que aportan matices. La clave no está en copiar el modelo alicantino, sino en entenderlo y dialogar con él. Y en ese sentido, Pibierzo no llegó a imitar, sino a proponer. Esa es la diferencia que, en un concurso tan competitivo, puede marcar el camino hacia el reconocimiento o quedarse simplemente en una curiosidad pasajera.




