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::Hogueras – La pólvora toma Luceros con sello propio y hace vibrar Alicante

Pirotecnia del Mediterráneo firma una mascletà intensa, rítmica y contundente que culmina con un terremoto de 128 decibelios

 

La Plaza de los Luceros volvió a convertirse en ese escenario único donde la pólvora no solo se escucha, sino que se siente. Pirotecnia del Mediterráneo fue la encargada de la tercera sesión del concurso oficial de mascletàs de las Hogueras 2026 y lo hizo desplegando un espectáculo que llevó su característica firma sonora hasta el límite de lo emocional. Más de cinco minutos de disparo —5 minutos y 26 segundos— bastaron para dejar claro que la experiencia iba mucho más allá de una sucesión de truenos: fue una construcción sonora diseñada para enganchar desde el primer segundo.

El inicio, con una clásica traca valenciana, sirvió como carta de presentación antes de adentrarse en un desarrollo donde tradición e innovación convivieron con naturalidad. El disparo alternó recursos clásicos con fases más modernas, apoyándose en matices digitales que permitieron jugar con el ritmo, acelerando y frenando la intensidad para evitar cualquier atisbo de monotonía. Esa “respiración” del espectáculo, que subía y bajaba como una composición musical, fue clave para mantener la atención de los miles de asistentes que abarrotaban la plaza y sus alrededores.

La evolución del disparo fue ganando cuerpo con la entrada de los efectos aéreos, cuatro fases bien marcadas que sorprendieron por su potencia y claridad sonora. La combinación constante con el fuego terrestre generó una sensación de diálogo entre cielo y suelo, una conversación pirotécnica que desembocó en un golpe de remate que marcó el cambio hacia el fuego de cuerdas. Fue ahí donde la denominada “Partitura Mediterráneo” empezó a desplegar toda su personalidad.

Con calibres contundentes y perfectamente sincronizados, el espectáculo avanzó hacia su tramo decisivo. Las cinco retenciones, reforzadas con apoyo aéreo, sirvieron como antesala de lo que todos esperaban: el terremoto final. Y no defraudó. El crescendo fue progresivo, sólido, y terminó explotando en un tramo final que alcanzó los 128 decibelios, un nivel que no solo se escucha, sino que recorre el cuerpo y sacude el ánimo de quienes lo viven en directo.

El cierre, con un bombardeo aéreo potente y un golpe seco final, dejó esa sensación tan característica de las grandes mascletàs: la de haber asistido a un espectáculo total, medido y ejecutado con precisión. Antonio García, responsable del disparo, lo resumía con sencillez al terminar: la intención era estar a la altura del llamado “Coliseo de la Pólvora”. Y, a juzgar por la reacción del público, lo consiguió.

Globalon Insight

Luceros no perdona, y ese es precisamente su valor. Cada mascletà que se dispara en este enclave no solo compite con las del año en curso, sino con la memoria reciente de una ciudad que vive la pólvora como parte de su identidad. Pirotecnia del Mediterráneo entendió ese contexto y apostó por algo inteligente: no reinventar la mascletà, sino reinterpretarla con ritmo, con pausa y con personalidad. En un concurso cada vez más exigente, donde la espectacularidad pura ya no basta, la clave está en emocionar. Y ahí, en esa frontera entre técnica y sentimiento, es donde este disparo dejó su huella.

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