
¡Qué bendita locura es esta que nos regala el mes de marzo! Aquí estamos, una vez más, con el corazón en un puño y la mirada clavada en ese asfalto francés que tantas historias nos ha contado y tantas nos tiene por escribir.
Hoy la París-Niza, esa “Carrera hacia el Sol” que siempre nos despierta el gusanillo de la épica, ha echado a andar con ese aire de gran cita que solo las pruebas con solera saben desprender.
Y lo ha hecho desde Achères, un rincón de Yvelines que hoy olía a gloria, a nervios y a ese aceite de masaje que impregna las piernas de los gladiadores antes de la gran batalla.
Fíjense bien en el detalle porque la jornada ha tenido de todo. Hemos visto a seis valientes desafiar a la lógica en una fuga de esas que te rompen el alma, con hombres como Mathis Le Berre o un Casper Pedersen que parece haber resucitado de sus lesiones para vestir los lunares de la montaña. ¡Qué maravilla ver ese pundonor!
Mientras tanto, en el vientre de la serpiente multicolor, el ajedrez se jugaba a doscientas pulsaciones. Jonas Vingegaard ha vuelto a ponerse un dorsal cinco meses después y se le veía fino, atento, siempre resguardado por esa maquinaria del Visma que es pura precisión.
Pero ojo al dato con Juan Ayuso, que con sus nuevos colores del Lidl-Trek se movía con la autoridad de quien ya no quiere ser promesa, sino una realidad absoluta en el olimpo del ciclismo.
¡Qué barbaridad el final que hemos vivido en Carrières-sous-Poissy! Un circuito ratonero, técnico y peligroso que ha terminado por explotar en mil pedazos.
A falta de tres kilómetros para la gloria, el drama ha hecho acto de presencia con una caída que nos ha encogido el corazón. El joven Lenny Martinez se ha visto envuelto en el caos y nos ha recordado que en este deporte la gloria y el suelo están separados por un suspiro.
Por fortuna para el chaval, los jueces han aplicado la lógica y no perderá tiempo, pero el susto ya no se lo quita nadie de encima. ¡Miren ustedes qué tensión se mascaba en el ambiente antes de que los velocistas asomaran el morro!
En el sprint final ha emergido la figura imponente de Luke Lamperti. El estadounidense del EF ha lanzado un hachazo definitivo aprovechando el lanzamiento de sus compañeros para llevarse la victoria más dulce de su carrera. ¡Vaya potencia la del chaval!
Tras él, el belga Vito Braet ha tenido que conformarse con la plata y nuestro Orluis Aular, ese guerrero del Movistar que nunca se rinde, ha firmado un tercer puesto que sabe a auténtico caviar en una llegada tan caótica y selectiva.
Es el primer descorche de una botella que promete dejarnos un regusto inolvidable de aquí hasta Niza.
Si miramos la foto de familia, la clasificación de la etapa nos deja a Luke Lamperti en lo más alto, seguido de Vito Braet y Orluis Aular.
En la general, gracias a las bonificaciones, Lamperti manda con cuatro segundos sobre Braet y seis sobre el venezolano Aular.
Mañana nos espera otra batalla de las buenas camino de Montargis y aquí estaremos para desgranar cada detalle, cada demarraje y cada gota de sudor.
Ha sido un auténtico placer narrarles esta batalla inaugural.
Si han disfrutado tanto como yo con este inicio de la Carrera hacia el Sol, les espero cada día en la página y en mis crónicas personales, donde la pasión por el ciclismo no tiene freno.
La carretera no descansa y nosotros tampoco. ¡Gloria bendita la del ciclismo!




