
El ciclismo, amigos míos, tiene esa capacidad casi perversa de recordarnos que el asfalto es un juez implacable que no entiende de palmarés relucientes ni de contratos con cifras de vértigo.
Lo que hemos vivido en esta sexta etapa del UAE Tour no ha sido una simple jornada de montaña; ha sido una epopeya pura, un cambio de guardia que ha dejado las cunetas de los Emiratos temblando ante la irrupción de un chaval que pedalea con la furia de los elegidos.
Isaac del Toro, ese nombre que ya deberíais tener grabado a fuego en la memoria, no solo ha ganado en la mística cima del Jebel Hafeet; ha dado un puñetazo sobre la mesa de la jerarquía mundial, despojando de su maillot rojo a un Antonio Tiberi que hoy ha descubierto que el desierto es el lugar más solitario del mundo cuando las piernas dicen basta.
Sentado aquí, con el eco del viento caliente todavía zumbando en los oídos, uno no puede sino reflexionar sobre la fragilidad del éxito en este deporte agonístico.
Hace apenas unas horas, los mentideros de las redes sociales y los foros de expertos echaban humo debatiendo si Remco Evenepoel sería capaz de recuperar su orgullo tras el traspié de Jebel Mobrah.
Pero la carretera, esa señora que siempre narra la verdad sin filtros, ha decidido que el guion de este 2026 lo escribe un mexicano de 22 años que trata a las pendientes del diez por ciento como si fueran un falso llano.
Ha sido una batalla de vatios, por supuesto, pero sobre todo de cabeza, de esa madurez que no se compra en las concentraciones de altura y que Del Toro ha desplegado con una naturalidad que asusta.
La jornada arrancaba en el Museo Al Ain con ese aire de calma tensa que precede a las grandes tormentas de arena.
El pe
lotón sabía que hoy no había margen para el error en un Jebel Hafeet que se alzaba en el horizonte como el patíbulo para los que llegaran cortos de gasolina.
Tuvimos el habitual juego de tronos de las fugas, con hombres como Tarling y Bissegger desafiando la lógica y el calor asfixiante, pero el UAE Team Emirates tenía otros planes.
Ver trabajar a la escuadra emiratí es un espectáculo de sincronía profesional; no tiraban solo por la etapa, tiraban por el orgullo de mandar en su propia casa.
Mientras tanto, en el pelotón, las cámaras captaban rictus de dolor y miradas esquivas entre los favoritos, presagiando el calvario que estaba por venir.
Y hablemos claro de lo de Remco, porque este sainete va a traer cola.
El belga, que aterrizó aquí con la vitola de invencible, ha vivido una jornada impropia de su categoría.
Ese comentario previo sobre el aire acondicionado de su habitación que no funcionaba suena, en el ciclismo de alta alcurnia, al primer síntoma de una pájara inminente.
Hoy, cuando el Jebel Hafeet empezó a morder, el «pequeño caníbal
» se convirtió en una sombra de sí mismo, golpeándose los muslos como quien intenta despertar a un gigante dormido que ha decidido declararse en huelga.
Ha terminado vigésimo, hundiéndose en una general que ahora le mira desde una distancia sideral.
El análisis es sencillo: la gestión de esfuerzos y el calor extremo han derretido las ambiciones del líder del Red Bull.
Pero dejemos las lamentaciones y vayamos al arte puro sobre ruedas.
La ascensión final ha sido una clase magistral de control táctico.
Con Adam Yates ejerciendo de mariscal de campo, el UAE fue deshojando la margarita hasta que solo quedaron los elegidos.
A falta de cuatro kilómetros, cuando Felix Gall y Harold Tejada intentaron la heroica, Isaac del Toro decidió que ya había esperado bastante.
Su ataque a 2,5 kilómetros de la cima no fue un demarraje, fue una demolición controlada.
Tibe
ri intentó pegarse a su rueda con más corazón que piernas, en un mano a mano que nos recordó las gestas de antaño, pero el mexicano era de otra galaxia.
Cada pedalada de Del Toro restaba segundos al liderato de un Tiberi que acabó explotando de forma dramática en el último kilómetro, viendo cómo se le escapaba el rojo entre los dedos.
Amigos, las conclusiones son claras: la juventud no es una excusa cuando se acompaña de un motor de este calibre.
El Jebel Hafeet ha dictado sentencia y nos ha regalado a un Isaac del Toro que se vestirá de rojo para la etapa final, con 20 segundos de ventaja sobre un Tiberi que hoy ha probado el amargor de la derrota.
Ha sido un privilegio contarles esta batalla, sentir cómo el ciclismo nos sigue erizando la piel con historias de superación que parecen sacadas de los libros de leyendas.
Para los que gustáis de repasar la gloria en números, la etapa nos deja a Isaac Del Toro en lo más alto con un tiempo de 4 horas, 12 minutos y 35 segundos.
Tras él, a 12 segundos, entró un Luke Plapp que supo leer la carrera desde atrás.
El tercer cajón del podio del día fue para Felix Gall a 18 segundos, mientras que el anterior líder, Antonio Tiberi, cruzó la meta cuarto dejándose 31 segundos.
Cerró el quinteto de honor Harold Tejada a 45 segundos del ganador.
En cuanto a la batalla por el trono final, la clasificación general queda ahora liderada por Isaac Del Toro con un tiempo acumulado de 18 horas, 58 minutos y 23 segundos.
Antonio Tiberi cae a la segunda plaza a 20 segundos de distancia.
El tercer escalón provisional es para Luke Plapp a 1 minuto y 14 segundos, seguido muy de cerca por Harold Tejada a 1 minuto y 25 segundos.
Completa el grupo de los cinco elegidos Felix Gall, que se sitúa a 1 minuto y 34 segundos de la prenda roja.
Ha sido un placer narrarles esta batalla.
Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página.
La carretera no descansa, y nosotros tampoco.




