Futbol Sala

:: Supercopa Futbol Sala – El Melilla Torreblanca firma una Supercopa inolvidable ante el gigante Futsi (5‑1)

Una final de desgaste, talento y convicción que estrena el palmarés del club melillense y rompe la hegemonía del histórico Navalcarnero

El fútbol sala femenino vivió en Las Torres una final que quedará marcada durante años. No solo por el marcador, demoledor para una final de este calibre, sino por el relato: el Melilla CD Torreblanca conquistó su primera Supercopa de España con una puesta en escena valiente, una segunda parte colosal y una madurez competitiva que sorprendió incluso a quienes conocen bien el crecimiento del proyecto. El 5‑1 ante el Futsi Atlético Navalcarnero, ocho veces campeón del torneo, no fue casualidad: fue la consecuencia de un plan sólido, de una rotación preparada para los momentos críticos y de un equipo que creyó en sí mismo cuando el partido entraba en regiones de máxima exigencia.

La final empezó a un ritmo altísimo, con presión de ambos lados y sin un segundo de tregua en la pista. El Melilla entendió pronto que necesitaba golpear primero para rebajar la autoridad emocional de un Futsi acostumbrado a dominar escenarios finales. Irene Samper lo hizo en el minuto 3, culminando una acción directa y precisa que encendió a la afición melillense desplazada y obligó a las madrileñas a ajustar su estructura defensiva. A partir de ahí, el partido avanzó como un pulso entre dos estilos que, por momentos, se neutralizaban: transiciones verticales del Torreblanca frente a las posesiones más pausadas de un Navalcarnero que buscaba controlar el ritmo.

La primera parte dejó ocasiones para ambos equipos, incluido un disparo al palo de Irene Córdoba y dos intervenciones decisivas de María Arcas que sostuvieron la ventaja mínima al descanso. Fue un tramo exigente, de desgaste físico y de lectura fina, donde los pequeños detalles tenían un peso enorme. Las madrileñas necesitaban más claridad y, tras la pausa, trataron de refrescar líneas para cambiar el tono del encuentro.

Pero la segunda mitad arrancó con una declaración de intenciones. El Melilla recuperó frescura, aceleró su juego y encontró en Nega a la gran agitadora del partido. Su conducción y definición en el 2‑0 dieron forma a la jugada que rompió la final. Aunque Livia reaccionó de inmediato para recortar distancias y devolver vida al Futsi, el Torreblanca no tembló. Al contrario: se fortaleció.

Tres minutos después, Ana Luiza atacó el segundo palo con precisión quirúrgica para devolver la ventaja amplia y cambiar para siempre el guion emocional del partido. El Futsi, obligado a tomar riesgos, apostó por el juego de cinco, pero esa necesidad abrió huecos que el Melilla supo castigar con inteligencia. Primero llegó el 4‑1, con una anticipación de Emilly Marcondes desde campo propio; después, el 5‑1, también obra de Marcondes, esta vez desde los diez metros, poniendo un broche incontestable que cerró la final.

La expulsión de Irene Córdoba en el tramo final dejó al Futsi aún más expuesto, aunque Bea Parrón evitó una goleada mayor con intervenciones de mérito. El 5‑1 final, sin embargo, retrata fielmente lo ocurrido: un Melilla superior en los momentos determinantes y un Navalcarnero que, pese a su historia y su gen competitivo, no encontró respuestas para frenar un vendaval azul y blanco.

La final permitió ver una versión completa del Torreblanca: rotaciones eficaces, liderazgo ofensivo, contundencia defensiva, lectura táctica y una confianza que alimentó cada decisión. Fue un triunfo colectivo con aroma de punto de inflexión en la élite del fútbol sala femenino español.

El palmarés confirma lo que ya se intuye en la pista: la hegemonía no dura para siempre y la Supercopa 2026 abre un nuevo capítulo en el que el Melilla CD Torreblanca ya tiene un lugar reservado.

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El triunfo del Melilla CD Torreblanca no es un accidente: es la culminación de un proceso que combina estructura, talento y madurez competitiva. Arcas fue decisiva en el tramo crítico, Irene Samper encendió la final desde el inicio y Marcondes rubricó su liderazgo con dos goles que simbolizan la ambición de este proyecto. La victoria, ante el club más dominante en la historia reciente del fútbol sala femenino español, proyecta un mensaje claro: hay un nuevo aspirante al trono. Para el Futsi, la derrota abre preguntas en un ciclo que llevaba años sostenido por una mezcla de solidez y experiencia. Para el Melilla, en cambio, esta Supercopa es el primer ladrillo de algo más grande: una invitación a quedarse entre los nombres que deciden títulos.

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