
¡Qué barbaridad, señoras y señores, lo de hoy no tiene nombre! Lo que hemos vivido en la encerrona de la Marina Alta no ha sido ciclismo, ha sido una ejecución sumaria, un “sálvese quien pueda” dictado por la tiranía de un Remco Evenepoel que no conoce la palabra piedad. La etapa reina, ese serrucho de dientes afilados entre La Nucía y Teulada, amaneció con el murmullo en la prensa y el miedo en las ondas de que el “avispero” del Miserat iba a cobrarse víctimas, y vaya si lo hizo.
Desde el kilómetro cero se respiraba esa tensión eléctrica de las grandes tardes, con un Red Bull-Bora-Hansgrohe que decidió jugar a ser Dios, imponiendo un “rodillo” infernal que asfixió la carrera y desnudó las carencias del hasta hoy líder Biniam Girmay.
Se hablaba en los coches de equipo de “mentalidad de crono” para afrontar los cinco puertos, y Remco se lo tomó al pie de la letra: ni miró atrás, ni pidió relevo, simplemente puso la directa y convirtió el pelotón en un rosario de almas en pena.
Hay que tener mucho valor, o estar muy loco, para ser uno de los valientes que hoy intentaron desafiar a la lógica. La fuga del día, con hombres como García Pierna o Steff Cras, fue un canto a la heroicidad, un intento romántico condenado de antemano por la calculadora fría del equipo alemán. Daba lástima, pero de la bonita, ver cómo se dejaban la vida en el Coll de Rates mientras por detrás el gigante despertaba.
La radio vuelta echaba humo, los directores gritaban, pero el guion estaba escrito con tinta indeleble: hoy no era día para soñadores, era día para verdugos. Y cuando la ventaja cayó como un castillo de naipes, el silencio se apoderó de la carretera; se sabía que llegaba el momento de la verdad, ese instante en el que el ciclismo deja de ser deporte y se convierte en pura supervivencia.
El drama se consumó en el Alto del Miserat, esa pared que no perdona. Allí vimos desmoronarse al líder, Biniam Girmay, con esa imagen tan humana del que quiere y no puede, viendo cómo el maillot amarillo se le escurría entre el sudor y el asfalto mucho antes de la traca final. No fue un desfallecimiento, fue una demolición controlada.
El Red Bull-Bora puso un ritmo cuartelario, de esos que te quitan las ganas de vivir, y limpió la carretera de intrusos. En la sala de prensa nos mirábamos incrédulos: no estaban atacando, estaban pasando lista, y el que no respondía, se quedaba en la cuneta. Fue una selección natural darwiniana, cruel y hermosa a la vez, preparando el terreno para el solista.
Cuando la carretera se empinó hacia el cielo en el Puig de la Llorença, con esas rampas del “Muro de Pou” que muerden las piernas, se acabó el baile de máscaras y empezó el monólogo del campeón. Fue un cambio de ritmo brutal , sin teatro, de pura potencia a falta de 13 kilómetros.
Una exhibición que dejó a Joao Almeida y a la guardia del UAE con esa cara de incredulidad del que ve pasar un tren de alta velocidad mientras va en bicicleta. No hubo táctica que valiera, ni pinganillos echando humo, ni estrategias de pizarra; solo la brutalidad de un corredor que, como se comentaba atónito en la retransmisión, “reventó” a sus rivales con una facilidad insultante. Evenepoel no escalaba, flotaba sobre el dolor ajeno.
Por detrás, la batalla por ser el “primero de los humanos” era encarnizada. Almeida, Tiberi y Pellizzari formaron una grupeta de supervivientes que pedaleaba más por honor que por esperanza, conscientes de que luchaban por la medalla de plata.
Se les veía en el rostro, en el pedaleo cuadrado, la resignación de saberse inferiores ante un extraterrestre. En los micrófonos de la meta, el murmullo era unánime: “¿Qué se puede hacer contra esto?”. La respuesta flotaba en el aire de Teulada nada.
Absolutamente nada. Solo aplaudir y dar gracias por haber sido testigos directos de la historia.

La llegada a Teulada fue la confirmación de una sentencia anunciada Remco entra solo, se señala el maillot y firma una victoria de las que cierran bocas y abren telediarios, dejando la General vista para sentencia a falta del paseo triunfal hacia Valencia.
En la zona mixta, la resignación de los rivales era palpable, humana, casi dolorosa; sabían que hoy no habían perdido contra un ciclista, sino contra un fenómeno de la naturaleza. La prensa internacional ya busca adjetivos nuevos porque “exhibición” se nos queda corto para describir este recital en la “Terreta”.
Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página.
La carretera no descansa, y nosotros tampoco.
CLASIFICACIÓN DE LA ETAPA (TOP 5):
Remco Evenepoel (Red Bull-Bora-Hansgrohe) – 4h 14’ 01” João Almeida (UAE Team Emirates) – a 24”
Giulio Pellizzari (Red Bull-Bora-Hansgrohe) – a 24”
Antonio Tiberi (Bahrain-Victorious) – a 25”
Brandon McNulty (UAE Team Emirates) – a 36”
CLASIFICACIÓN GENERAL (TOP 5):
Remco Evenepoel (Red Bull-Bora-Hansgrohe) – LÍDER
João Almeida (UAE Team Emirates) – a 24”
Giulio Pellizzari (Red Bull-Bora-Hansgrohe) – a 24”
Antonio Tiberi (Bahrain-Victorious) – a 25”
Brandon McNulty (UAE Team Emirates) – a 36”




