
Ay, amigos del pedal, qué semana de ciclismo puro hemos vivido bajo el sol inclemente de los Emiratos.
A mí la épica me llega hasta la médula, y esta séptima y última etapa del UAE Tour no iba a ser un mero trámite de sonrisas y brindis al viento.
Qué va. El asfalto de Abu Dabi hervía de verdad, y la tensión se palpaba desde que el juez bajó la bandera. El ciclismo tiene estas cosas tan maravillosas que despiertan al niño que llevo dentro, te exprime hasta la última gota de aliento cuando menos te lo esperas y te regala historias inolvidables.
Y si no que se lo pregunten al pelotón durante esa primera hora de auténtica locura desatada. Fíjense ustedes la que se lió nada más arrancar.
Anoche los debates ardían, y esta misma mañana la afición se llevaba las manos a la cabeza sin dar crédito al ver a Remco Evenepoel atacando de salida. El orgullo herido del campeón belga le hizo buscar la heroica con tres hachazos furibundos en el mismo kilómetro cero para intentar reventarlo todo de lejos. Quería lavar su imagen ante el mundo entero, pero esto no es un videojuego, amigos. El desierto es una llanura implacable, y el grupo no hace prisioneros. Le echaron el lazo rápidamente, pero el susto en el cuerpo y los más de cincuenta y cuatro kilómetros por hora de media iniciales ya no se los quitaba absolutamente nadie.
Una vez sofocada la gran rebelión, la jornada siguió el guion marcado para los grandes guepardos de este deporte, y ahí emergió de nuevo la figura colosal del gigante de Tolmezzo. Qué bestialidad de muchacho, de verdad os lo digo. Jonathan Milan se aprovechó inteligentemente del trabajo de lanzamiento de sus compañeros y arrancó a trescientos metros de la meta destrozando literalmente las bielas de su bicicleta. Casi se podía percibir en el ambiente el rugido de la potencia pura. Nadie pudo hacerle sombra para firmar su tercer triunfo de la semana y dejar a todo el mundo boquiabierto, demostrando una tiranía absoluta en las llegadas masivas. Es un portento de la naturaleza que intimida con solo mirarle pedalear.
Y mientras Milan celebraba alzando los brazos al cielo, el pelotón asistía a la confirmación de una absoluta brutalidad deportiva. Un chaval de tan solo veintidós años cruzaba la meta arropado por los suyos con la jerarquía y el aura reservada en exclusiva para los elegidos. Isaac del Toro, el niño prodigio de México que tiene a toda la afición ciclista loca de remate, se acaba de coronar a lo grande, firmando una exhibición sideral que lo sitúa ya en la élite absoluta del pelotón mundial. Tras destrozar las ilusiones de sus rivales hace unos días con un ataque estratosférico en la durísima subida a Jebel Hafeet, dejando completamente clavados a Tiberi y a Gall como si fueran auténticos principiantes, hoy solo ha tenido que saborear las mieles del triunfo. Estamos ante un corredor descomunal que no solo gana, sino que aplasta, domina y maravilla. El propio chaval confesaba con esa humildad de los genios que esta es una de las tres mejores victorias de su vida. Pero ojo, amigos, que los más sabios del lugar y las grandes leyendas de este deporte ya lo colocan como la gran apuesta para conquistar nada menos que el mismísimo Giro de Italia. Apunten su nombre con letras de oro porque este chico no es el futuro, es el más aplastante y brillante de los presentes. Tiene alma de súper campeón y una valentía que, sinceramente, nos pone los vellos de punta.
Para que no pierdan detalle de cómo queda la historia final, les desgrano los cinco primeros de la etapa del día. Jonathan Milan se llevó la victoria imperial por delante de Erlend Blikra en segundo lugar y Sam Welsford ocupando el tercer cajón.
La cuarta plaza fue para Ethan Vernon y la quinta posición se la quedó el italiano Matteo Malucelli, completando un esprint de infarto.
En cuanto a la clasificación general definitiva que todos esperaban con ansias, el mexicano Isaac del Toro es el gran campeón absoluto, defendiendo sus veinte segundos de renta con una madurez insultante. Le escoltan en el podio final Antonio Tiberi a esos mismos veinte segundos y el australiano Luke Plapp a un minuto y catorce segundos. La cuarta posición es para el colombiano Harold Tejada a un minuto y veinticinco segundos, cerrando este quinteto de honor Felix Gall a un minuto y treinta y cuatro segundos del líder indiscutible de la prueba.
Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página. La carretera no descansa, y nosotros tampoco.




