
Se acaba enero y el balance del mes es revelador. El Hércules CF ha disputado 15 puntos y ha sumado 6. El dato está en cómo llegaron: cuatro de esos seis puntos se lograron gracias a penaltis, y otro se rescató a balón parado, con una falta directa en Murcia. Es decir, la cuesta de enero se ha salvado más desde los once metros que a través de acciones construidas y ocasiones creadas.
Un patrón que confirma la dificultad del equipo para decidir los partidos desde el juego. Porque el penalti es parte del fútbol, sí, pero depende de factores que no siempre están bajo control.
Centrándonos en el último encuentro, el Hércules fue superior a su rival, pero conviene decirlo sin rodeos: sin los penaltis de última hora, el partido apuntaba claramente al empate. Sin contar los lanzamientos desde los once metros, apenas hubo tiros entre los tres palos. Eso sí, hubo viento, lluvia… y al final ocurrió el “milagro”: en la oscuridad de una noche sin gol apareció Fran Sol, en el único lance donde el Hércules está siendo realmente fiable esta temporada: el punto de penalti.
Es cierto que el Hércules compitió, tuvo más balón y más presencia en campo rival. Peleó cada acción y buscó el área con insistencia, especialmente por banda, con Andy Escudero como principal recurso, poniendo buenos centros con continuidad. El problema volvió a ser el mismo de casi toda la temporada: la dificultad para definir jugadas en juego abierto. El equipo llega, pero el último pase falla y las acciones se diluyen antes de convertirse en ocasiones claras.
Los cambios introducidos por Beto Company sí tuvieron efecto. El equipo ganó presencia en el área rival, pisó zona de remate con más continuidad y terminó empujando al FC Cartagena hacia su propia área. Y cuando eso ocurre, es más fácil que pasen cosas.
El desenlace tuvo también su capítulo arbitral, con la habitual sensación de incertidumbre cada vez que el árbitro enfila hacia el VAR. En ese terreno, en Primera RFEF, puede pasar de todo. Se señalaron dos penaltis, pero pudieron ser cuatro, especialmente uno a favor del Hércules. Cuesta entender la decisión del árbitro cuando las imágenes dejan claro que no es el balón el que golpea la mano del defensor, sino la mano, no escondida, la que va al balón y frena una jugada de ataque. La noche, eso sí, acabaría compensando ese despropósito arbitral.
Pero no nos engañemos: que te piten un penalti cada jornada es tan improbable como esperar que un árbitro te regale una sonrisa cada vez que saca una tarjeta roja.
La lectura, por tanto, va más allá de un partido concreto. El penalti suele depender de un error del rival o de una interpretación arbitral, a veces desacertada. Es arriesgado confiar en un recurso tan excepcional. Si el play-off llega, será por el juego, por la capacidad de definir las jugadas y por encadenar victorias, no por vivir de recursos de emergencia.
La llegada del delantero Alberto Toril abre una expectativa lógica y necesaria en ataque, pero sin victorias claras el debate es inevitable.
El penalti ayuda a pasar el mes, pero no paga la temporada completa.




