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::Fútbol – Barcelona 5‑0 Athletic: un paseo para la final y un golpe a la moral rojiblanca

La noche en la que Raphinha borró el guion y dejó al Athletic sin respuestas

                              

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En Yeda no hubo suspense. Ni épica vasca. Ni semiformalidad de semifinal. Hubo un partido que duró veinte minutos y una realidad que se impuso con la violencia de los marcadores inevitables: el Barcelona está en otra velocidad y el Athletic aún no sabe dónde está la suya. La Supercopa quería una final con gigantes y el Barça se aseguró el billete sin pestañear, con un 5‑0 que explica más que cualquier análisis. La goleada no sorprendió a casi nadie: los culés llegaban favoritos y salieron reforzados; los de Valverde se marchan con heridas incómodas, preguntas pesadas y un marcador difícil de justificar.

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El arranque fue un espejismo que duró lo que tarda un equipo inseguro en descubrirlo. El Athletic salió vivo, incluso entonado, empujando tres saques de esquina seguidos y provocando la primera foto de peligro con un remate de Sancet que Joan García atrapó sin temblores. El Barça esperaba, casi con desgana, como quien confía en que la oportunidad llegará sola. Y llegó. Por la izquierda, donde tenía una autopista sin peaje, y por la debilidad mental de un Athletic que se rompió en cuanto el árbitro pitó una falta inexistente sobre Raphinha. Aquello fue el origen del 1‑0, obra de Ferrán tras un balón que le cayó mientras los rojiblancos protestaban. El partido se partió ahí, en esa protesta convertida en sentencia. El propio Ferran y Fermín fueron protagonistas de ese primer golpe seco que ya olía a descalabro.

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Lo que vino después fue un derrumbe. El Barça olió la sangre y Raphinha decidió que era su noche. Areso no pudo con él ni una sola vez. De su banda nació el 2‑0, un pase del brasileño hacia Fermín que remató sin oposición. De ahí al tercer gol solo hizo falta una acción individual del sueco Roony Bardghji, que firmó una jugada eléctrica y un disparo que Unai Simón no supo detener. Para colmo, el 4‑0 fue una postal de videojuego: Raphinha, otra vez, encaró, recortó y clavó un zurdazo en la escuadra de un Unai ya superado emocionalmente y técnicamente. El Barça había marcado cuatro goles entre el 21 y el 38, un vendaval que no dejó supervivientes.

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La primera parte terminó con un Athletic KO que aún debía enfrentarse al descanso más largo del año: quince minutos de silencio interno, del tipo que hace ruido. De poco sirvió. En la reanudación, el guion siguió igual. Raphinha remató el 5‑0 en el 52, otro gol de delantero confiado, de futbolista en trance, de estrella que sabe que domina la noche. Valverde reaccionó de la única manera que podía: con cambios en masa. Galarreta, Unai Gómez, Guruzeta, Lekue, Selton… rotación forzada para evitar un daño mayor o, quizá, para repartir responsabilidades. Pero el daño ya estaba hecho. El Athletic tuvo ocasiones para maquillar algo, especialmente un mano a mano que Unai Gómez marró y un disparo de Berenguer que pudo ser el 5‑1. Nada entró. Nada funcionó.

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La obligación comercial del torneo llevó a Flick a sacar veinte minutos a Lamine Yamal, que entró para cumplir con el guion de cara a las cámaras saudíes. No pasó nada más. El Barça bajó un punto, el Athletic bajó la cabeza y el partido se diluyó, como pasa cuando un equipo cae tan temprano que ya solo piensa en volver a casa. Unai Simón, que recogió cinco balones de su portería, acabó visiblemente frustrado. Lo entendible del resultado no quita lo insoportable del trámite.

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La lectura del encuentro es sencilla: el Barcelona fue infinitamente superior. No necesitó ni a Lewandowski ni a un Lamine titular. No necesitó épica ni tensión. Le bastó el talento, la coordinación y la inspiración de un Raphinha que empieza a insinuar que puede tener una de esas temporadas que definen carreras. El Athletic, por su parte, queda señalado. No solo por perder, sino por cómo perdió: sin reacción, sin dureza, sin energía y, sobre todo, sin competir desde el minuto 22.

La frase de Iñaki Williams tras el encuentro resume todo sin maquillaje: “No hemos estado a la altura. Pedimos perdón a la gente.” Y pocas veces una disculpa ha sido tan precisa. El Athletic se marcha de Arabia con un 5‑0 que duele, que pesa y que abre debates incómodos sobre la utilidad de viajes así cuando el precio es la imagen.

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El Barça, en cambio, viaja a la final con esa sonrisa que solo tienen los equipos que llegan a un torneo corto sin gastar casi energía. Si antes era favorito, ahora es más que un favorito: es un equipo con una idea, un ritmo y una pegada que hoy parecen muy por encima del resto.
El domingo lo sabremos.

Alineaciones:

5 – FC Barcelona: Joan Garcia, Koundé, Cubarsí, Eric, Balde, Frenkie, Pedri, Fermín, Raphinha, Bardghji y Ferran.

0 – Athletic Bilbao: Unai Simón, Areso, Vivian, Paredes, Adama, Jauregizar, Rego, Berenguer, Sancet, Robert Navarro e Iñaki Williams.

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