
Había ruido de gran noche en la Fonteta y el partido se presentó como un pulso de estilos: defensa agresiva y rebote ofensivo taronja contra un Mónaco que, cuando entra en ritmo, juega como si estuviera en automático. El desenlace, 92‑101, cuenta la historia de un encuentro en el que Valencia Basket se aferró a su carácter hasta el final, pero no encontró antídoto sostenido para una capacidad ofensiva monegasca que fue cambiando de manos como si de un relevo se tratara: Diallo tras el descanso, Nedovic con once puntos seguidos en dos minutos al arrancar el último cuarto, y Hayes firmando las canastas que cortaban cada intento de rebelión local.
El equipo de Pedro Martínez entró con energía: Darius Thompson abrió el camino desde el triple, Kameron Taylor se hizo sentir en el aro, y el rebote ofensivo dio segundas opciones que mantuvieron a Valencia en el intercambio inicial. Mónaco, sin embargo, devolvía cada golpe con la calidad de sus piezas: Mirotic castigando desde las esquinas, Okobo sumando en silencio, y un primer cuarto que se cerró 28‑26 tras un nuevo acierto de Thompson.
El segundo acto cambió el aire del partido. Con las rotaciones visitantes subiendo líneas y manos, Valencia acumuló pérdidas que Mónaco convirtió en carrera y puntos rápidos. El parcial visitante abrió brecha (34‑41), y aunque Brancou y Taylor apretaron para frenar el sangrado, Mike James encontró tiros libres y Hayes alargó el castigo: 42‑53 al descanso, sensación de control monegasco y obligación de buscar un plan B.
Valencia lo encontró, pero a medias. El tercer cuarto fue un ejercicio de resistencia: Mónaco volvió del vestuario con Diallo al mando, elevando la renta a +13, y Valencia respondió desde la media distancia de Thompson, la actividad interior de Reuvers y la insistencia de Pradilla. Cuando la defensa taronja encadenó cuatro minutos de alto nivel —solo cuatro puntos encajados en ese tramo—, Kameron Taylor convirtió y corrió para bajar la desventaja a 70‑76 con diez por jugar. La Fonteta, otra vez, olía a remontada.
Ahí apareció Nedovic como si hubiese estado esperando su ventana: dos triples seguidos, bandeja y tercer triple casi consecutivo. Once puntos en un suspiro para estirar la diferencia a 72‑87 y desactivar, de golpe, la reacción taronja. Valencia, fiel a sí mismo, no tiró el partido: Key y Thompson activaron a la ofensiva, Puerto y Reuvers clavaron triples consecutivos y un mate del propio Reuvers devolvió el 84‑95 con cuatro minutos en el reloj. Era, otra vez, una puerta entreabierta.
Pero Hayes se encargó de cerrarla y Mónaco se puso en modo gestión: posesiones largas, paciencia quirúrgica, faltas inteligentes y una defensa que puso cloroformo a la Fonteta. Montero acertó desde fuera para tocar la decena, Taylor tuvo otro lanzamiento para encender la mecha y no entró. Okobo, desde el tiro libre, selló el 92‑101 y el final de la racha local.
La lectura táctica deja una moraleja clara: Valencia encontró momentos de identidad (rebote ofensivo, transiciones tras recuperación, un tramo defensivo muy serio a caballo del tercer cuarto), pero no pudo encadenar stops suficientes cuando el partido pedía tres o cuatro defensas consecutivas perfectas. Mónaco, por su parte, enseñó por qué es un equipo de techo alto en Europa: varias manos capaces de asumir el foco, un manejo del ritmo casi de laboratorio y la frialdad para castigar cada error.
Lo resumió Pedro Martínez con la honestidad que le distingue: “No creo que el problema sea el cansancio, el problema es que hemos jugado contra un gran equipo. En el segundo cuarto hemos tenido grandes problemas y pérdidas, han anotado muchas canastas desde nuestras pérdidas y esto ha sido un gran problema para nuestra concentración y para nuestra confianza. Creo que jugaron mejor que nosotros, con jugadores muy expertos que han castigado nuestros errores”.
El marcador cuenta una derrota, pero también deja pistas de futuro: cuando Valencia Basket encadena intensidad y orden, compite con cualquiera; cuando pierde el hilo y concede transición, los rivales de EuroLeague no perdonan. Diallo enseñó el camino tras el descanso, Nedovic rompió la reacción de forma fulminante y Hayes administró la ventaja con puntos de adulto.
La racha en casa se detiene aquí; la liga continental, no. En noches así, lo importante no es el golpe, sino cómo se aprende de él.









