El Mundial Sub-17 femenino terminó demasiado pronto para España. Después de completar una fase de grupos impecable, con tres victorias frente a México, Australia y Chile, la selección española cayó por 1-2 ante Estados Unidos en los octavos de final y se despidió de Marruecos en una noche en la que tuvo más juego que premio.
Las de Mila Martínez afrontaban por primera vez esa frontera que separa la fase clasificatoria de las eliminatorias directas. Ya no había posibilidad de corregir un mal resultado en la siguiente jornada. Noventa minutos decidían quién continuaba persiguiendo el título y quién tenía que hacer las maletas.
España salió dispuesta a asumir el protagonismo. Tuvo el balón, manejó durante muchos minutos el ritmo del encuentro e intentó construir con paciencia ante una selección estadounidense preparada para resistir y aprovechar sus oportunidades.
El problema apareció donde tantas veces se resuelven los grandes partidos: en las áreas.

El equipo español consiguió avanzar y aproximarse a la portería estadounidense, pero no encontró la precisión necesaria para convertir su dominio en goles. Estados Unidos, por el contrario, castigó prácticamente cuando más daño podía hacer.
En el minuto 43 llegó el primer golpe. España estaba muy cerca de alcanzar el descanso con el partido todavía completamente abierto, pero el conjunto norteamericano logró adelantarse.
Y apenas cinco minutos después llegó el segundo.
El 0-2 en el minuto 48 transformó completamente una eliminatoria en la que España había llevado buena parte de la iniciativa. Dos acciones antes del descanso obligaban ahora a las de Mila Martínez a protagonizar una remontada si querían mantener vivo el Mundial.
España no se rinde
El marcador era adverso, pero la selección española volvió al terreno de juego decidida a seguir buscando el partido.

España mantuvo su intención de llevar la iniciativa y trató de instalarse nuevamente en campo contrario. La segunda mitad perdió continuidad debido a las numerosas interrupciones, circunstancia que tampoco ayudó a un equipo obligado a acelerar para encontrar dos goles.
Pasaban los minutos y el premio no llegaba.
Hasta que apareció Vera Molina.
En el minuto 71, la futbolista española conectó un disparo desde fuera del área que terminó dentro de la portería estadounidense. El 1-2 cambiaba completamente el escenario de los últimos minutos.
España volvía a estar a un solo gol de continuar con vida.
El tanto multiplicó la presión española. Las internacionales se volcaron sobre el área rival y buscaron hasta el final ese empate que habría prolongado una eliminatoria que parecía perdida al descanso.
Estados Unidos consiguió resistir.
El marcador no volvió a moverse y el pitido final confirmó una eliminación especialmente dolorosa por el desarrollo del encuentro y por las sensaciones que España había dejado durante toda la competición.
Del pleno de victorias a una eliminación inesperada
La derrota adquiere todavía mayor dureza al observar el recorrido español hasta los octavos.
El equipo de Mila Martínez había cerrado la primera fase con pleno de triunfos. España ganó sus tres encuentros, terminó primera de grupo con nueve puntos y afrontaba las eliminatorias después de haber ofrecido argumentos suficientes para pensar en un recorrido largo dentro del campeonato.
Pero los cruces no conceden segundas oportunidades.
Estados Unidos aprovechó sus momentos. España acumuló juego e insistencia, pero no consiguió transformar su superioridad en el marcador hasta que Vera Molina redujo la diferencia.
Era demasiado tarde para culminar la remontada.
Globalon Insight
Esta eliminación recuerda una de las reglas más crueles de los torneos cortos: todo lo realizado anteriormente puede quedarse sin recompensa en una sola tarde. España llegó a octavos después de ganar sus tres partidos de la fase de grupos, pero frente a Estados Unidos descubrió que dominar no siempre equivale a controlar el resultado.
Los dos goles estadounidenses antes del descanso cambiaron completamente una eliminatoria en la que España había llevado la iniciativa. El gol de Vera Molina devolvió durante los últimos minutos la posibilidad de una remontada, pero esta vez no hubo tiempo para completarla.
El resultado elimina a España, pero no debería borrar el campeonato realizado por una generación que se marcha de Marruecos después de haber demostrado personalidad, capacidad para asumir el balón y carácter para seguir buscando una eliminatoria incluso cuando el marcador se había puesto muy cuesta arriba.
Queda el golpe de una eliminación inesperada. También queda todo lo aprendido por unas futbolistas que apenas están comenzando su camino competitivo internacional.




