

Al tercer día de competición llegó la confirmación de lo que España lleva insinuando desde el primer balón: este grupo compite como si llevara años junto, con un rigor defensivo impropio de su edad y una madurez que desborda cualquier expectativa. El 30-8 ante Bulgaria es mucho más que un marcador abultado: es una declaración de identidad.
El choque comenzó con un ambiente de estudio mutuo, pero la igualdad inicial se quebró pronto. España ajustó la primera línea, cerró espacios interiores y convirtió cada recuperación en una oportunidad de correr. El 7-2 del primer parcial resumía un tramo intenso y táctico, donde las pérdidas marcaban el ritmo y donde las Guerreras Promesas encontraron la primera grieta para tomar el control.
Con el paso de los minutos, ese pequeño despegue se transformó en un dominio evidente. El 19-4 del descanso retrataba dos realidades distintas: Bulgaria se estrellaba una y otra vez contra una defensa española que basculaba con una sincronía admirable, mientras que España exprimía cada contraataque con una eficacia creciente. Las jóvenes dirigidas por Miguel Etxeberria supieron golpear en carrera, leer ventajas por los extremos y, sobre todo, imponer un ritmo que desbordaba cualquier réplica búlgara.
La segunda parte fue el cierre perfecto para un partido redondo. La defensa española elevó aún más el listón, dejando a Bulgaria sin soluciones y ahogando cada intento de circulación. Con la confianza por las nubes, España amplió distancias sin perder control ni respeto por el juego, mostrando una madurez impropia de un conjunto en fase formativa. El resultado, 30-8, es fiel a lo vivido: España mandó en todo.
El grupo termina la jornada invicto, con un parcial global impecable y una sensación de solidez que invita a pensar en objetivos ambiciosos. La mirada ya está puesta en el duelo de mañana ante Rumanía, otro examen interesante para medir la progresión real del equipo antes del cierre frente a Turquía.
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Globalon Insight
España está construyendo algo más que victorias: está definiendo una forma de jugar basada en intensidad, disciplina defensiva y un contraataque que respira frescura en cada acción. La capacidad para mantener la concentración durante tramos largos, la madurez con la que ajustan sobre la marcha y la naturalidad con la que salen al contraataque son señales inequívocas de un grupo con proyección seria. Frente a Bulgaria no solo ganaron: confirmaron que están creciendo a un ritmo superior al del resto.




