El Valencia se empeñó en ganar… y lo consiguió cuando ya parecía que el reloj jugaba en su contra. Un penalti transformado por Largie Ramazani en el minuto 95 decidió un partido vibrante ante el Espanyol (3-2), lleno de cambios de guion, alternativas constantes y nervios hasta el último suspiro. El triunfo no es uno más: supone la segunda victoria consecutiva del equipo de Carlos Corberán, algo que no había logrado en toda la temporada, y reactiva el pulso de Mestalla en un tramo clave del curso.
El Espanyol, por su parte, se marchó de vacío pese a haber igualado el marcador en dos ocasiones. El equipo catalán mostró capacidad de reacción, mejoró tras el descanso y llegó a saborear el empate, pero acabó penalizado por su fragilidad defensiva en los instantes finales. Ya son cuatro jornadas sin ganar para los pericos.
El partido arrancó a ritmo alto, con ambos equipos decididos a presionar arriba y atacar sin complejos. En ese ida y vuelta inicial, el Espanyol encontró ventajas por su banda izquierda con la sociedad entre Carlos Romero y Pere Milla, mientras que el Valencia sufrió para sacar el balón jugado, algo que la grada no pasó por alto con pitos tras varias pérdidas comprometidas.
La respuesta local llegó desde el mismo flanco. Jesús Vázquez, Danjuma y, sobre todo, Lucas Beltrán comenzaron a generar dudas en el sistema defensivo visitante. El argentino se movió con libertad entre líneas y fue un problema constante para los centrales catalanes. A los quince minutos, esa superioridad se tradujo en gol. Beltrán recibió sin oposición, giró y filtró un pase preciso al espacio que Hugo Duro, ganando la espalda a Cabrera, convirtió con frialdad en el 1-0.
El Valencia, que no marcaba antes del descanso desde septiembre, encontró comodidad en ese escenario. Se sintió por delante y manejó el balón con más pausa, mientras Manolo González empezaba a mover su banquillo incluso antes de la media hora, consciente de que su equipo no estaba cómodo. El Espanyol reaccionó tímidamente en el tramo final del primer acto, dominó más territorio y buscó el área con balones aéreos, pero sin concretar.
La segunda parte cambió el guion. Apenas cinco minutos después de la reanudación, el técnico visitante agitó el partido con la entrada de Edu Expósito y Kike García. El impacto fue inmediato. En una acción nacida desde la banda, Kike prolongó un balón suelto y Terrats, atento entre una maraña de piernas, firmó el empate.
El gol dio alas al Espanyol. Expósito probó desde fuera del área y Kike García rozó el gol en una llegada posterior. Cuando el Valencia parecía más tocado, apareció Eray Cömert para romper el partido. El central suizo sorprendió con una conducción larga por el centro del campo, el balón acabó en la banda y el propio Cömert culminó la jugada con un certero cabezazo tras centro de Danjuma. Era el 2-1 y un déjà vu para el suizo, que ya había marcado un gol clave para evitar una derrota valencianista en Cornellà en 2022.
Lejos de rendirse, el Espanyol volvió a levantarse. Con Expósito dirigiendo el juego, el equipo catalán empujó y encontró el empate en el minuto 80. Una pérdida en la salida del Valencia permitió a Urko disparar desde la frontal; el balón, tras tocar en Copete y Pepelu, acabó descolocando a Dimitrievski y entrando en la portería.
Con el 2-2, el miedo regresó a Mestalla. El Espanyol tuvo incluso el 2-3 en un remate de Kike García que el portero local salvó con reflejos. Parecía que el empate sería definitivo… hasta que Ramazani entró en escena.
El extremo belga dio oxígeno al Valencia en el tramo final. En una internada decisiva, forzó una acción caótica en el área, Beltrán se adelantó a Rubén Sánchez y el colegiado señaló penalti. Ramazani asumió la responsabilidad y no falló. Minuto 95, 3-2 y explosión en Mestalla.
El Valencia se llevó un triunfo trabajado, sufrido y tan necesario como simbólico. El Espanyol, competitivo y valiente, volvió a quedarse a las puertas. En una noche de errores, aciertos y nervios, el fútbol decidió castigar al que llegó un segundo tarde… y premiar al que creyó hasta el final.




