
Ganar en el Fontes do Sar ya es complicado. Hacerlo ante un Obradoiro lanzado, con doce victorias en sus trece partidos anteriores, roza lo heroico. Y si, además, tu jugador franquicia se queda sin señal, la misión se vuelve directamente imposible. Eso fue lo que le ocurrió al HLA Alicante, superado por la lógica de la competición y por un rival más sólido, más constante… y más fiable.
Porque esta vez Kevin Larsen no fue Kevin Larsen. El MVP de la Primera FEB vivió una de esas noches inexplicables: 3 puntos, 1/10 en tiros de campo, cero de valoración. Un cortocircuito total. Sin su faro ofensivo, el Lucentum se quedó sin referencia cuando el partido empezó a decidirse.
Un inicio prometedor que no tuvo continuidad
E
l arranque, sin embargo, invitaba a creer. Mucho. El HLA salió con energía, personalidad y puntería, castigando desde el triple y estirando la ventaja hasta el 4-14, con acierto exterior de Richardson, Geu… y el propio Larsen en su única acción productiva. Los interiores alicantinos se abrían y la defensa gallega sufría.
Pero el partido empezó a girar hacia la zona. Ahí mandaron los locales. Dos Anjos, autor de los ocho primeros puntos del Obradoiro y máximo anotador final con 18, y un Galán que sigue siendo el mismo titán de siempre: intensidad, defensa, tapones, robos y energía para activar al pabellón. No hizo de todo mucho, pero sí lo suficiente para marcar territorio.
Las rachas que deciden partidos
Rubén Perelló ya lo había advertido: Obradoiro vive de sus rachas. Y así fue. Un parcial de 9-0 apagó el intento de escapada visitante, aunque el HLA supo resistir y cerró el primer cuarto aún por delante (17-24). La sensación, eso sí, empezaba a cambiar: Alicante jugaba al límite; Obradoiro parecía tener una marcha más guardada.
El punto de inflexión antes del descanso
El ritmo elevado del segundo cuarto no favoreció al Lucentum. El conjunto gallego empató primero y tomó ventaja después (27-26, min. 14), guiado por Westermann, la anotación de Barcello y su dominio interior. Un triple sobre la bocina de Mwema dejó el marcador en 44-41 al descanso y mantuvo con vida a los alicantinos.
Pero el partido ya se estaba inclinando.
Aguantar… hasta que no se puede
El tercer cuarto fue espeso, errático y poco brillante. Ambos equipos fallaron más de lo que acertaron, pero incluso en ese contexto el Obradoiro salió beneficiado. El HLA resistía, luchaba por no descolgarse, seguía cerca… hasta que llegó el momento clave.
Dos triples consecutivos locales, precipitaciones ofensivas y una defensa gallega cada vez más cerrada abrieron una brecha que ya fue un boquete. Larsen seguía sin encontrar aro, ni desde fuera ni cerca del cesto, completamente superado por Dos Anjos. Sin su referencia, el ataque alicantino perdió claridad y confianza.
Westermann estiró la ventaja hasta el 76-60 (min. 35) y el partido quedó prácticamente sentenciado.
Un intento final sin premio
El HLA aún tuvo orgullo. Geu, con acierto y carácter, maquilló el resultado e impidió una diferencia mayor. Los alicantinos llegaron a colocarse a ocho puntos, con más corazón que tiempo, pero cuando parecía posible meter algo de miedo, regresaron las dudas y la confusión.
La historia terminó ahí. En Galicia, ante un Obradoiro más fiable y en plena dinámica positiva, y con un HLA Alicante que compitió, dio la cara… pero no tuvo a su líder.
Y sin Larsen, esta vez, no hubo milagro.




