Ciclismo

::Ciclismo – ¡Tormenta en Bilbao y el vendaval Seixas revienta los pronósticos!

 

Bilbao, esa ría que exhala ciclismo, ha sido hoy el escenario de una batalla descarnada. No ha sido una crono cualquiera, sino el inicio de la pasión en Euskadi, una liturgia de vatios y sudor donde el asfalto bilbaíno dictó una sentencia inesperada. Bajo el cielo plomizo de Vizcaya, el ciclismo ha demostrado ser el deporte más honesto. Aquí no hay trampa ni cartón, solo un hombre frente al reloj y una carretera que se retuerce como una serpiente herida.

El trazado, una ratonera de trece kilómetros y pico con el sello de la Itzulia, comenzaba en Begoña. El Alto de Santo Domingo, con sus rampas del siete por ciento, rompía el ritmo de los que venían con las piernas tiernas. El final agónico en el parque Etxebarria, un muro de medio kilómetro con pendientes del diecinueve por ciento, puso a los capos a bailar la danza del ácido láctico. En este terreno técnico y revirado, donde el viento soplaba con saña desde la ría, la victoria exigía la precisión de un neurocirujano y la fuerza de un titán.

Paul Seixas, un niño de Lyon, ha entrado en el olimpo. Diecisiete minutos y nueve segundos ha marcado el galo del Decathlon, dejando tiritando a toda la plana mayor del WorldTour. ¡Veintiocho segundos le ha metido a Primoz Roglic! Una barbaridad que rompe cualquier lógica periodística. Seixas ha fluido sobre el asfalto, trazando con valentía, demostrando que la nueva generación no solo tiene motor, sino también descaro.

Isaac del Toro, el “Torito” de Baja California, llegaba con la vitola de gran esperanza y ha probado la dureza del suelo vasco. El mexicano ha terminado decimotercero, dejándose cincuenta y un segundos que pesan como losas. Se le vio subir Santo Domingo con su estilo eléctrico, retorciendo la máquina y poniéndose de pie en los pedales mientras buscaba un ritmo que hoy parecía escapársele. Al chaval le ha faltado finura en una crono tan explosiva, aunque su coraje sigue intacto.

La otra cara de la moneda, la más amarga, ha sido la de Juan Ayuso. ¡Qué calvario! El gran favorito del público se ha dejado un minuto y dieciséis segundos en meta, una hemorragia de tiempo que huele a despedida prematura de la general. Se percibía un Ayuso mermado, quizás todavía con el cuerpo tierno por la caída en la París-Niza. El ciclismo no perdona, y hoy el muro de Etxebarria ha sido el juez implacable que ha sentenciado a un hombre que venía a por todas.

Entre el desastre de unos y el brillo de Seixas, Primoz Roglic ha sabido nadar y guardar la ropa. El esloveno ha sido cuarto, corriendo con la calculadora y el colmillo retorcido para mantenerse en la pomada. Y no me olvido de Mikel Landa, que hoy ha cedido cincuenta y cinco segundos pero se ha llevado la ovación más atronadora de Bilbao. El “landismo” es una religión que no entiende de cronos, y hoy los aficionados han empujado al de Murgia con el alma en cada rampa.

Esto acaba de empezar y la Itzulia ya nos ha dado el primer hachazo. La clasificación está patas arriba y el maillot amarillo de Seixas es ahora el objetivo de una jauría de lobos hambrientos. Queda mucha montaña, quedan muchas emboscadas, y nosotros vamos a contarlo todo.

Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página y en mis crónicas personales.

La carretera no descansa, y nosotros tampoco.

 

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