Ciclismo

::Ciclismo – El Infierno de Provenza Corona a Harold Tejada y Vingegaard Saca el Látigo en Apt

 

Amigos de la bicicleta, qué barbaridad de jornada hemos vivido hoy en las emboscadas de la Provenza. Todavía teníamos el alma encogida, casi rota, por el abandono de nuestro jovencísimo Juan Ayuso. Ayer nos dejaba a todos helados, llorando de impotencia en una cuneta bajo el aguacero de Uchon, perdiendo un maillot amarillo que le sentaba de maravilla. Con ese nudo en el estómago, el pelotón amanecía en Barbentane sabiendo que la carretera no perdona nunca. Han sido casi ciento ochenta kilómetros hasta Apt de un terreno pestoso, incómodo, de esos que te vacían las piernas gota a gota. El ciclismo es una trituradora de sueños, pero también una fábrica de héroes.

Desde primerísima hora las radios hervían y en las redes sociales la expectación era máxima. En foros como el Parlamento Ciclista y en Twitter la gente se preguntaba si el miedo a los abanicos paralizaría la carrera o si veríamos zafarrancho de combate. Las crónicas de la mañana advertían de la peligrosidad del trazado. Y vaya si había peligro. Se rodó a cara de perro. Jonas Vingegaard, con ese temple glacial, ha gobernado el grupo respaldado por un Visma intratable. El danés infunde respeto, pero en este deporte siempre asoma la rebeldía de quienes se niegan a rendirse.

Fijaos en cómo se ha resuelto todo en esos cuarenta kilómetros finales, un auténtico serrucho. Subidas cortas pero con rampas criminales del once por ciento. Ahí es donde la carrera ha saltado por los aires y ha emergido la figura del escarabajo Harold Tejada. Qué maravilla de corredor. Venía dolorido, magullado en un pie por un tortazo en el descenso de ayer, pero cuando hay raza y ambición, las heridas duelen menos. El colombiano del Astana no se lo pensó dos veces y soltó un latigazo, un ataque de los de antes, rompiendo los esquemas de ese ciclismo de potenciómetro y calculadora que a veces nos aburre.

Ha sido una cabalgada preciosa, pura agonía. Verle retorcerse sobre la bicicleta camino de Apt, con el pelotón persiguiéndole como una jauría de lobos, nos ha puesto la piel de gallina. Tejada cruzando la meta en solitario, alzando los brazos al cielo, es la imagen de la gloria. Detrás, conformándose con las sobras, entraban corredores como Julien Bernard y Oscar Onley. Mientras, en el grupo de los capos, Vingegaard cruzaba la raya sin inmutarse, manteniendo a raya a un combativo Dani Martínez y dejando claro que es el gran dominador de esta ronda francesa.

Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página y en mis crónicas personales.

La carretera no descansa, y nosotros tampoco.

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