
Qué barbaridad, amigos. La segunda etapa de la Volta a Catalunya 2026 tenía toda la pinta de ser una de esas jornadas de trámite para los hombres rápidos… pero la carretera, esa vieja zorra, nunca se deja domesticar. 167 kilómetros desde Figueres hasta Banyoles, más de 2.100 metros de desnivel camuflados entre falsos llanos y la Garrotxa volcánica que te mordía las piernas sin avisar. Parecía plano. Fue una guerra de nervios y de potencia pura.
Desde el kilómetro cero se encendió la mecha. Cinco valientes se lanzaron a la aventura: Veistroffer, Slock, Uriarte, Fernández y Arriolabengoa. Abrieron un hueco de tres minutos largos mientras el pelotón, con Ineos marcando el ritmo por Dorian Godon, les dejaba hacer. Pero el terreno empezó a cribar. Rampas cortas, viento traicionero, y el grupo se puso serio. A diez kilómetros de meta, el corazón se te salía por la boca Henri Uhlig se fue al suelo en una curva a toda pastilla. Caída fea. Respiramos aliviados cuando vimos que se levantaba, pero el susto ya estaba dado.
Y entonces llegó el sprint. Ivo Oliveira lanzó desde lejos con la UAE, parecía que se lo llevaba… pero nadie había contado con el danés. Magnus Cort Nielsen, del Uno-X, venía desde la quinta fila, se abrió paso como un toro enfurecido y soltó un misil que dejó mudos a Noa Isidore y a Francesco Busatto. Brazos al cielo, sonrisa de oreja a oreja y esa voz ronca de quien acaba de ganar en casa: “He rodado mil veces por estas carreteras cuando vivía en Girona… es como triunfar en mi propio salón”. Victoria número 36 como profesional. La primera del año después de un 2025 para olvidar. Qué gusto verle de nuevo con esa hambre.
En la general, Godon sigue de amarillo, pero Cort se cuela segundo y le mete presión de verdad. Los gallos del pelotón
Vingegaard, Evenepoel, Pidcock, Almeida cruzaron juntos, sin perder un segundo, pero con la mirada ya puesta en las montañas que vienen. Porque esto no fue una etapa de transición fue un aviso en toda regla. El pelotón se estiró, los cortes aparecieron y mañana la cosa se pone seria de verdad.
La Volta nos está regalando un espectáculo de los que te ponen la piel de gallina. Cort demostró que el corazón y la experiencia siguen pesando más que cualquier perfil en el papel. Y los chavales de la fuga, oiga, un aplauso desde el alma lo dieron todo hasta el último metro.
Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página y en mis crónicas personales.
La carretera no descansa, y nosotros tampoco.




