

Hay partidos que no necesitan acta, ni clasificación, ni siquiera un resultado final para justificar que merecen ser contados. El encuentro disputado por el equipo Benjamín Blanco del CBF Elda Prestigio, dirigido por Isa Ortuño, frente a Salesianos Elche, pertenece a esa categoría especial del deporte donde lo importante no se mide en goles, sino en miradas, gestos, esfuerzo y sonrisas.
En Alicante no existe competición federada oficial en categoría benjamín, a diferencia de otras provincias como Castellón o Valencia. Pero que no haya registro administrativo no significa que no haya balonmano. Al contrario: lo que se vio en la pista fue el balonmano en su estado más auténtico, el que nace antes de los sistemas, las estadísticas y las presiones. El balonmano que se juega porque se ama.
Las pequeñas del Elda Prestigio salieron a la pista con esa mezcla irrepetible de nervios y entusiasmo que solo se da en las primeras edades. Algunas aún no alcanzan la altura del balón cuando lo botan, otras corren con una determinación que desarma a cualquiera. Todas, sin excepción, juegan como si cada acción fuera la más importante de su vida deportiva. Y lo es.
Al otro lado, Salesianos Elche, una entidad histórica en el deporte base alicantino, volvió a demostrar por qué su trabajo educativo y deportivo ha sido siempre un referente. Da igual la disciplina: fútbol, balonmano, baloncesto… Salesianos entiende el deporte como herramienta formativa, como espacio de crecimiento personal, y eso se nota en sus equipos desde las edades más tempranas. El respeto, la competitividad sana y la actitud estuvieron presentes en cada acción del partido.
Pero si hubo una figura que vertebró todo lo que ocurrió en la pista fue Isabel Ortuño. Hablar de Isa es hablar de una de las grandes referentes del balonmano alicantino. Su trayectoria como jugadora, ligada a la élite y al compromiso con este deporte, le da una autoridad que no necesita imponerse. Se transmite sola. En cada corrección, en cada aplauso, en cada gesto de ánimo desde el banquillo se percibe algo que no se aprende en los manuales: la pedagogía del deporte vivida desde dentro.
Isa Ortuño no entrena benjaminas para ganar partidos. Las entrena para que entiendan el juego, para que se ayuden, para que se levanten cuando caen y para que aprendan que el esfuerzo siempre merece la pena, aunque nadie lo apunte en una clasificación. Y eso, en el balonmano femenino, es sembrar futuro.
El resultado fue lo de menos. Lo verdaderamente importante quedó inmortalizado en las fotografías de Vicen Muñoz. Imágenes que hablan solas. Miradas de concentración absoluta, carreras desordenadas pero llenas de intención, abrazos espontáneos, celebraciones ingenuas y caídas que terminan en carcajadas. Vicen, uno de los grandes reporteros gráficos del deporte alicantino, vuelve a demostrar que su cámara no busca solo la acción, sino el alma del momento.
Estas benjaminas quizá no lo sepan aún, pero gracias a ese trabajo silencioso, desinteresado y generoso, tienen ya algo que muchas deportistas tardan años en encontrar: sentido de pertenencia, amor por el juego y recuerdos imborrables. Y eso también es construir balonmano femenino.
Este artículo no pretende contar un partido. Pretende darles la portada más grande que Globalon puede ofrecer a quienes sostienen el deporte desde abajo. A las más jóvenes, a las más pequeñas, a las que hoy juegan sin presión y mañana serán las que llenen pabellones. A entrenadoras como Isa Ortuño. A clubes como Elda Prestigio y Salesianos Elche. Y a fotógrafos como Vicen Muñoz, que entienden que el futuro del deporte también se escribe con luz.
Globalon Insight
El deporte base no necesita actas para existir, pero sí necesita miradas que lo valoren. Cuando se pone el foco en las benjaminas, en sus entrenadoras y en quienes capturan su esfuerzo, se está defendiendo algo más grande que un partido: se está protegiendo el futuro del balonmano femenino.

Fotografías: Vicen Muñoz. Gracias maestro. Lo hemos disfrutado.








